UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
elpaquez@gmail.com

jueves, 23 de marzo de 2017

¿Y PARA CUANDO UNA EVALUACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN EDUCATIVA?

Estoy leyendo en la prensa, que los médicos de la comunidad, se quejan de que los equipos electrónicos que deben utilizar para realizar su trabajo se han quedado obsoletos. La Administración les da la razón y se ha comprometido a su renovación en un plazo de tiempo lo más breve posible. La eficacia de los servicios no depende tan solo de la capacidad profesional del trabajador, sino  también, y de forma muy importante, de los medios de trabajo que se ponen a su disposición.
Me parece fantástico y creo que tener un sistema sanitario eficaz y eficiente va en beneficio de todos, me da cierta envidia, lo tengo que reconocer, cuando sigo leyendo. y veo que los equipos a renovar tienen más de cinco años ¡Cinco años! Comparados con los que tenemos en el colegio se trata de tecnología punta. Los ordenadores que utilizan nuestros alumnos/as tienen un mínimo de nueve años, hemos debido de cambiar el sistema operativo para que fuesen funcionales, puesto que el oficial, que nos proporciona Gobierno de Aragón es XP, que hace años está descatalogado. Hemos tenido que buscarnos la vida con el software libre, y estamos contentos, no nos quejamos por ello, pero dependemos de la buena voluntad y de los conocimientos de los docentes, y también, de la fortuna que es la responsable de que dentro del claustro haya alguien que domine este tema, y sea competente en algo, que no tiene nada que ver con el perfil profesional de un docente ¿Qué pasa donde no se da esta circunstancia?
Estamos teniendo problemas con la red, salimos a una velocidad muy baja. Nuestro centro se encuentra ubicado en una esquina de la ciudad, y tras nuestro edificio, tan solo tenemos campos y parque. Las compañías, a pesar de tener cableada la fibra óptica casi hasta la escuela, no quieren realizar el gasto de pasarla al otro lado de la calle para gestionar solo dos líneas de teléfono. Nosotros no podemos hacer ninguna fuerza, puesto que además es la consejería quien gestiona todas las líneas, y es quien puede hacer presión, pero no lo hace. Dice que no se puede. La cuestión es que el centro debe manejarse con la tecnología que dispone, y que ni mucho menos, se acerca a la que podría tener sin realizar un gasto excesivo.  Tenemos también un servidor zentyal que nos ayuda a ganar algo de eficacia balanceando las dos líneas de teléfono del colegio, pero aún así somo más de ciento cincuenta equipos saliendo por dieciocho megas de velocidad, a paso de tortuga vamos. Disponemos de un servicio del siglo pasado y no creo estar exagerando.
Por otro lado, se nos anima a la innovación, a que utilicemos alternativas a los libros de texto, a que los alumnos sean competentes en un mundo cuya tecnología no es que corra, es que vuela, pero no les damos alas para volar, sino sandalias, y de suela de esparto, para que no puedan ni correr. Es una paradoja que debemos superar todos los días. Es cierto que a base de ingenio, sacamos partido a todo lo que tenemos, y creo que obtenemos un muy buen rendimiento,  debería ser una de las preocupaciones principales de la Administración educativa, facilitar la labor docente a nivel de infraestructura, y como repito siempre, comenzar por quien más va a utilizarlas, que no consiste en entregar un coche a quien solo gusta de ir a caballo. Para eso, debería estar el servicio de Inspección educativa, para determinar a los mejores usuarios potenciales y comenzar por ellos.
Cuando yo comenzaba en esto de la enseñanza, se pasaba una evaluación, el Plan EVA, en la misma se evaluaba a los docentes, a los centros y también a la Administración. Este debería ser el planteamiento, realizar una evaluación de la Administración desde todos los ámbitos, sobre todo por parte de las personas que trabajan en ella, escucharles y realizar las modificaciones necesarias a los procedimientos. Y esta evaluación no veo que se llegue ni siquiera a plantear. Debería ser seria, rigurosa y con compromisos posteriores. No es cara, es funcional y además estaría llena de propuestas eficaces ¿Por qué no se lleva a cabo? ¿De verdad que no se le ha ocurrido a nadie? El primer paso para poder tener un sistema educativo del siglo XXI, con el que tanto se le llena la boca a alguno, pasa por tener una Administración que no esté anclada en los procedimientos del pasado. La renovación debe venir marcada por los que mejor la conocen, así de fácil, y a la vez así de difícil.  Solo puede  pedir una renovación metodológica, quien previamente se ha evaluado y ha optimizado su propio funcionamiento. Pensamos en evaluaciones de diagnóstico, en pruebas individualizadas, en reválidas y la ley se olvida de la más importante, la del sistema, la autoevaluación de la Administración educativa, la que puede mejorar realmente el proceso general. Es cierto que se han propuesto pactos y planes que analizan la situación, pero debería de haber un planteamiento más sistemático, periódico y regulado para que obligase a que se efectuasen las reformas propuestas sin que dependiese de la responsabilidad del puesto político de turno.

Y mientras tanto me pido esos equipos obsoletos que van a retirarse de los centros de salud, aquí serán bienvenidos.


lunes, 20 de marzo de 2017

¿Concertada y jornada continua? ¿Se han vuelto locos, o hay alguna razón?

Hay dos temas de actualidad en la comunidad educativa a la que pertenezco, la jornada escolar y los conciertos educativos. Lo cierto es que el descenso de la natalidad está afectando a la solicitud de vacantes escolares, y en algunas zonas, se tienen que cerrar unidades, puesto que el número de propuestas de solicitud de matrícula ha bajado a la mitad en los últimos cinco años. Se trata de un proceso acelerado que estresa los ambientes y radicaliza posturas. En una gran ciudad, los diferentes polos de población y los movimientos que se producen en la misma por el precio de la vivienda, tiende a concentrar  a las familias con hijos en edad escolar en determinados barrios que además suelen coincidir con nuevas construcciones y con falta de equipamientos educativos,  mientras que en otras zonas, donde la población ha ido envejeciendo sobran las plazas y existe el problema de cierre de unidades. 
Por lo tanto, una gran ciudad no me parece el mejor lugar para sacar una conclusión válida. Sin embargo, una ciudad pequeña que tenga entre diez mil y cuarenta mil habitantes sí que es más significativa, puesto que los flujos del precio de la vivienda no condicionan tanto dicha matrícula. Curiosamente, aquí en Aragón, cuando dichas ciudades disponen de las dos redes escolares, pública y concertada, y cuando los centros de la red pública, solicitaron el cambio de tiempos escolares y pasaron a tener jornada única este curso escolar, la situación ha empujado a los centros concertados de las mismas a solicitarla y a obtenerla con el beneplácito, lógicamente, de una mayoría muy cualificada de los padres/madres de dichos centros.
Es aquí donde surge la paradoja. Si hay problemas para llenar las aulas y se prevé cierre de unidades en la red concertada, ¿no hubiese sido más lógico continuar con la jornada partida para atraer a las familias que quieren permanecer cono hasta ahora? ¿No hubiese supuesto un espaldarazo tener un montón de solicitudes para presionar y mantener los conciertos? ¿Si las familias, como sostienen algunos sectores de opinión, prefieren la jornada de mañana y tarde, y solo se cambia por el interés de los docentes, no hubiese sido una gran baza no cambiar de jornada, cuando además, todos los centros de la red pública ya han realizado el cambio? Pues la cuestión es que está pasando justamente lo contrario. En las localidades de Teruel, Alcañiz, Alagón y Calatayud, los centros concertados no han sido lo suficientemente astutos como para aprovechar dicha coyuntura. Se han dejado engañar por sus docentes que han forzado al cambio de horario, a pesar de dejar una matrícula potencial que podría salvar en un futuro sus puestos de trabajo. Ya se sabe eso de que se cambia porque los docentes quieren estar a las dos en casa, además de las vacaciones y todo lo demás...
Esta reducción al absurdo creo que deja ver bien a las claras, que son las familias, las primeras que están interesadas en el cambio de jornada, que lo hacen por el bien de sus hijos, o al menos están convencidas de ello, y que además los centros de titularidad concertada han visto claro que, o se suman a dicho movimiento, o pierden la posibilidad de atraerlos en el  futuro más que cercano. Lo que estoy convencido es que cuando alguien decide dar un paso así ha planificado, muy a conciencia, las consecuencias que podían tener. También creo que cuando las familias, y más en ciudades pequeñas, han ido viendo la calidad de vida que dicho cambio tiene para sus hijos, se ha ido extendiendo la voz y que el cambio es imparable, puesto que me reitero, supone una mejora más que evidente, para las familias que ya lo tienen, en la calidad de vida de sus hijos/as.

La losa del "siempre se ha hecho así" es como una gran roca que nos cuesta mover, pero  cuando comienza a bajar por la montaña, no hay quien la pare.


jueves, 16 de marzo de 2017

LA DISTRIBUCIÓN DE ALUMNOS/AS ACNEAEs, (antigua E. Compensatoria). El daño colateral de la libertad de elección.

Estamos cerca de la apertura del plazo de solicitud de plazas escolares de cara al próximo curso 2017/18, y la relación pública /concerta ha llegado a la población, a través de un debate sobre la conveniencia de mantener una red u otra, trufado de medias verdades. Se están lanzando campañas a través de las redes sociales sobre libertad de elección de centro, y muchas aseveraciones que se enfocan desde el lado interesado, para retorcer la realidad ,de forma que se adapte a los intereses de quien expone su razonamiento. Ya lo comenté en una entrada reciente, y  desde luego, reconozco que no puedo desligarme de intereses personales, que me distorsionan dicha realidad por mi coyuntura personal. Por lo tanto, intentaré hablar de un dato objetivo y comentar lo que sucede bajo mi punto de vista. La distribución de los alumnos/as ACNEAEs, sí los antiguos compensatorios, los que pertenecen a minorías étnicas o a grupos sociales desfavorecidos.
Usamos los datos de un estudio que ha realizado CGT en la ciudad de Zaragoza, al que llegué a través de un twitt de mi compañero Fernando Andrés, para verlo PINCHA AQUÍ

Cuando se comenta la distribución entre las dos redes de niños/as con necesidades específicas especiales, no se suele hacer referencia a la individualizada sobre este tipo de alumnos/as. Una familia acepta de buen grado que su hijo comparta pupitre con otro alumno/a que tenga discapacidades intelectuales, es más, les parece progresista y adecuado. Al fin y al cabo, estos niños/as no han tenido otra posibilidad y no tienen opción de salir de su realidad, ya que está marcada por la genética. De esta forma, tenemos muchos centros concertados con aulas TEA (transtornos de espectro autista) y aulas de integración de educación especial. Hay colegios que tienen hasta tres de estas aulas .
Todos/as somos susceptibles de tener, o haber tenido un hijo/a que padeciese un síndrome de este tipo, por eso, también, nos mostramos más solidarios con esta circunstancia, y es ahí donde los centros concertados suelen hacer su acopio de alumnos/as con necesidades educativas que mejora su estadística de atención a la diversidad. Además, tratándose de familias "normalizadas", suelen poder hacer frente a las aportaciones económicas que el colegio requiera para algunas de las actividades programadas. Tienen doble función, acumulan estadística y no solo no repelen la legada de posibles familias, sino que incluso, pueden ser motivo de atracción para alguna.
Sin embargo, con el otro tipo de alumnos con necesidades educativas, las de carácter social, no ocurre lo mismo. Para empezar,son niños/as como los de las familias que consideramos "normalizadas", sin ningún problema físico ni genético, estos alumnos/as en otro entorno familiar seguramente no tendrían necesidad de apoyo educativo. Lo son por pertenencia a grupos sociales específicos, que son diferentes a los nuestros, y no nos sentimos tan solidarios con su problemática. Cualquier padre cree que podría haber tenido un hijo con síndrome de autismo, pero no tenemos tan clara la posibilidad de ser inmigrante !Qué error! y más en estos tiempos. Los vemos como algo diferente y desconocido y nos asusta que nuestro hijo se mezcle con este tipo de alumnado. Por ello,  estos niños niños no ejercen ninguna atracción hacia el colegio que los acoge en los tiempos de solicitud de plaza, todo lo contrario, suponen un rechazo y uh hándicap. Por esta razón,  analizar  su distribución entre las dos redes no es una cuestión baladí, es muy importante, por lo que supone que estén en un centro y por lo que suponen que otro tipo de alumnado deje de estar. Curiosamente observamos colegios cerca de lugares donde se concentra este tipo de población que están llenos de alumnos ACNEAEs y muy cerca centros que no tienen a ninguno matriculado, y si revisamos la titularidad de los colegios, el público es que acumula esta población y el concertado el que carece de ella. No es muy coherente, que cuando se pide que se haga un análisis del tema, siempre se recurra a la misma explicación, las familias tiene libertad de elección, y si hay vacantes en un colegio de la zona no se les puede obligar a  acudir a otro. Totalmente cierto e inapelable, no puedo poner ni un pero a dicha afirmación. No pasa nada si se reconoce la realidad. Ahora, una vez reconocida, es necesario que se tomen las medidas oportunas para intentar equilibrar el tema en el futuro, y eso es lo que no se hace, tal vez porque interesa que la situación se estanque.
La estadística que se presenta es palmaria. Si la mayoría de estos alumnos/as están matriculados en la enseñanza pública, y son los que más necesidades individualizadas tienen, los defensores de la concertada como mejor modelo, deberían reivindicar que se matriculasen en centros concertados, puesto que los mejores, presumen de serlo, deben trabajar con los casos más difíciles. Y sin embargo, no recuerdo haber leído estos días ningún post con esta propuesta. La red concertada debería estar llena de este alumnado, o a lo mejor ¿somos tan ingenuos que pensamos que estas familias al no estar culturalmente en la media eligen  algo que es peor para sus hijos? La respuesta la conocemos todos.
Si se quiere defender que un servicio público no es incompatible con la privatización del mismo, hay que demostrarlo. Cuando vea que se pide la construcción de un centro concertado en una barriada gitana empezaré a creer en las buenas intenciones y en que se busca el bien social, y que por tanto se puede realizar política social desde el sector privado. Mientras tanto, dejad que piense que entre las razones que no se exponen, está cierto carácter mercantilista, que debería estar muy alejado de los principios educativos de un servicio público. No entro en la elección por parte de una familia de un centro privado, ni de la elección de alumnos/as que realiza el mismo, ahí cada uno puede hacer lo que quiera. Pero un servicio público debe tener como prioridad a quien más lo necesita, centrando en estos sectores de población un mayor esfuerzo, para poder tener en el futuro una sociedad más justa y mejor. Está bien que cada uno exhiba sus fortalezas, es lógico, ahora reconocer también tus debilidades y no ocultarlas o negarlas, es síntoma de honradez. No puedo presumir de tener un parque de atracciones y en realidad ser un tiovivo.



lunes, 13 de marzo de 2017

El currículo British Council o la pésima planificación administrativa.

No voy a entrar en si el bilingüismo en las escuelas es positivo o no, bueno a lo que llamamos bilingüismo, que muchas veces no es sino propaganda, que queda especialmente vistosa, para llamar a las familias a la hora de elegir un centro educativo para sus hijos. Nosotros en el colegio hace quince años que impartimos cuatro áreas con el currículo British Council, y no me parece un tema baladí que tanto Ciencias Sociales, como Ciencias Naturales se desarrollen utilizando el inglés como lengua vehicular. En los institutos a los que acuden nuestros alumnos/as al acabar la etapa de E. Primaria, existe la posibilidad de elegir entre acudir siguiendo dicho currículo, o utilizar el normalizado en Aragón. Las familias eligen el recorrido que quieren para sus hijos/as. En el colegio no existe esa posibilidad, todos los alumnos/as del nuestro deben, por obligación, seguir las pautas que marca dicho currículo British Council.
Es cierto que podemos pensar que cuando las familias acuden a matricular a sus hijos de tres años, son conscientes de dicha realidad. Al menos nosotros en las reuniones previas de presentación del centro, insistimos mucho en la idea, nadie de estos padres, puede decir que no la avisamos de la coyuntura. Los niños desde pequeños tienen más horas de clase en lengua inglesa, incluso disponemos de asesores en dicho idioma que nos proporciona el convenio con el British Council, a cambio, debemos acogernos a su normativa. Hasta aquí no hay ningún problema, si tú quieres acudir a un colegio de este tipo, ya conoces las ventajas y los inconvenientes, y no puedes quejarte, si en el desarrollo posterior de la vida académica de tu hijo, esto supone una traba.
 Pero curiosamente, no sucede lo mismo cuando un niño/a acude a nuestro centro desde otro por un traslado, y el anterior colegio no estaba acogido a dicho convenio. Incluso si se trata de un  centro bilingüe de tipo CILE, no tiene nada que ver con uno British Council.  El alumno/a se va a ver envuelto en un proceso de adaptación, que no va a ser solo a una nueva realidad social, sino que va a ir mucho más allá, y deberá enfrentarse a un idioma vehicular en casi la mitad de las áreas en el que no es suficientemente competente.
 Podríamos pensar que la Administración es consciente de este problema, y no matricula a ningún alumno/a nuevo sin que venga de otro colegio con el mismo currículo. Pues no, no lo tiene en cuenta. Podremos pensar que al menos cuando otorga una matrícula fuera de plazo, dicha Administración avisa a la familia, para que pueda valorar la dificultades extra a la que van a enfrentarse sus hijos. Pues no, no lo tiene en cuenta. Para la Administración todos los colegios son iguales, independientemente de que puedan y deban impartir currículos diferentes. LAMENTABLE. Y más cuando en los centros de secundaria sí que se tiene en consideración esta posibilidad y existe la doble alternativa, como hemos comentado antes.
Así somos los colegios los que debemos tomar adaptaciones curriculares para estos casos, que son más de los que nos puede parecer. Pero claro esas adaptaciones tienen que ser alegales, y eso que hemos solicitado que se flexibilice la normativa para poder adecuar las realidades individualizadas, pero siempre la negativa por respuesta. Es una pena, luego se les llena la boca con la individualización del proceso educativo y de la evaluación del mismo, pero sin embargo nos responden  siempre con la misma canción, la normativa no nos lo permite. Pues se cambia, que para eso están los legisladores, y más cuando no interfiere con ninguna ley, pero claro estos casos suelen ser  niños/as que no dan titulares y por lo tanto ya se apañarán en los colegios para retorcer esa normativa que no se quiere adaptar ni cambiar. La alternativa es que el alumno acarree con las consecuencias y no promocione ¿Pero si el centro se negase, y  si decidiese cumplir la normativa a rajatabla?

Tengo el caso  de una niña marroquí que ha llegado de otro colegio de la ciudad en el mes de enero, para terminar sexto de E. Primaria. La niña es competente y debería tener la promoción asegurada, pero se encuentra con la barrera del idioma en las áreas de Literacy, Social Science, Natural Science y Arts ¿Es de justicia esta situación? ¿Por qué no podemos realizarle una adaptación que nos permita no utilizar, aludiendo a la singularidad, el currículo British Council? ¿Por qué no avisaron a la familia y la matricularon en otro colegio de la zona? Porque administrar sin preocuparse ni tener la suficiente flexibilidad con los casos individuales es más cómodo,aunque sea hacerlo mal. Y en este caso no se puede alegar que es el primer caso que se da y que es una sombra del sistema que no se había visto. Están muy avisados de la situación de muchos casos anteriores. Si vas a obligar a andar por las vías del tren tienes que poder variar los horarios del mismo si es necesario, no vaya a acabar pillando a quien has puesto en ese camino.



miércoles, 8 de marzo de 2017

LAICIDAD. Pensaba que significaba otra cosa.

Estaba viendo un informativo en la televisión,  cuando al tratar sobre la conveniencia o no de celebrar un acto religioso, una misa para ser más exactos, un representante del partido en el gobierno manifestaba que no hay que confundir laicidad con tener una confesión religiosa, para apoyar la celebración de dicho acto religioso desde una Administración Pública.
Así que he acudido al diccionario de la RAE para intentar entender la afirmación anterior.

Laicidad
1. f. Condición de laico.

2. f. Principio que establece la separación entre la sociedad civil y la sociedad re-ligiosa.

Laico, ca
Del lat. tardío laĭcus, y este del gr. λαϊκός laïkós; propiamente 'del pueblo'.
1. adj. Que no tiene órdenes clericales. U. t. c. s.
2. adj. Independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Estado laico.Enseñanza laica.

Sigo sin poder comprender las manifestaciones del político, pero dese luego si ese es el principio que nos rige, ahora entiendo muchas cosas sobre la implantación de la religión dentro de las escuelas. Por fin comprendo cómo desde un estado, que en su Constitución se declara laico, se ampara la educación religiosa dentro de los centros educativos que tienen su titularidad. Ahora entiendo, como desde ciertos estamentos, se amparan celebraciones religiosas, que yo pensaba que no se extraían de los actos públicos por costumbrismo, o por no haberse atrevido en su momento a romper los estereotipos impuestos en la mente colectiva desde el régimen anterior. 
Pues no, lo que pasa es que se puede ser de una forma y de la contraria a la vez, y si eso me da réditos políticos,  y/o electorales, pues tan ricamente, que las contradicciones parece que no pasan factura. La cuestión es tener un argumentario, que me permita exponer lo que el auditorio que tengo en frente quiera escuchar, y no tener que crear debates ideológicos entre los votantes.
Por eso en la escuela que es aconfesional, como el Estado, la religión es un área más, con la misma importancia que las otras, y aportando valor a la calificación competencial de los alumnos/as de forma simétrica al resto. Además como hay que ser políticamente correctos, damos la misma consideración a otras religiones diferentes al la mayoritaria, y así podemos encontrarnos con tres o cuatro confesiones dentro de un mismo colegio, que hay que compaginar, con diferente horario docente, que para más incongruencia no ha sido elegido por la Administración, sino por una confesión determinada. Coordinar  así los horarios es imposible, pero no pasa nada si algunos alumnos se derivan de la clase normalizada a la de la religión correspondiente en unos determinados periodos, a pesar de no poder acudir a la clase programada, pero claro, es que no hay que confundir laicidad con tener una confesión religiosa.
Curiosamente, todos los alumnos/as ACNEAEs de mi tutoría, que pertenecen minorías étnicas, acuden a confesiones religiosas que no son la católica. Paralelamente, todos los centros concertados que existen en la zona donde está el colegio, tienen una titularidad de esta confesión, por lo que su ideario aleja a esta población. Es un detalle que puede ser casual, pero que separa de estos centros a población que a priori es considerada problemática para las familias normalizadas.
Entiendo que es un asunto muy personal lo de la confesión religiosa, considero que todo el mundo puede elegir y adecuar su moral a la que le parezca más adecuada, de la misma forma, entiendo también, que se elija para los hijos/as las mismas creencias, al menos mientras sean menores de edad. Pero ¿por qué hay que darle un carácter oficial? ¿Por qué se tiene que sostener determinadas creencias con fondos públicos? Puede haber colegios confesionales, pueden concertarse desde la Administración si es necesario para extender el sistema educativo a toda la población, pero puede hacerse desde la laicidad, o sea separando Iglesias y Estado. Se puede dar clase sin que ninguna creencia religiosa sea un área. Se puede ampliar el horario con una extraescolar, que además no tiene si no se quiere que ser gratuita, al igual que se hace con deportes o con otro tipo de actividades. Esto no supondría un freno para el acercamiento de ningún sector de la población a un determinado centro, fuese cual fuese su orientación religiosa, puesto que los valores ciudadanos que son transversales, se deben de respetar por pura lógica y el aprendizaje religioso tendría un carácter opcional.
Los centros públicos no se verían forzados a retorcer sus horarios para poder adecuarlos a los de tres o cuatro de los docentes de los diferentes cultos. Se podría dedicar este tiempo a reafirmar valores que construyan buenos ciudadanos, o sea que sean empáticos, responsables, solidarios, respetuosos, la lista de valores es muy larga y creo que  no es necesario exponerla en su totalidad. En fin, sería como mucho más fácil. Pero claro a lo mejor es que no entiendo el concepto de laicidad, a lo mejor es que no es que aunque el Estado debe ser aconfesional y respetar la creencias de sus ciudadanos cuando las practican a título personal.

Lo cierto es que no hay nada más ridículo que querer argumentar una incongruencia, y además de hacerlo de una forma burda, pensar que los ciudadanos no tenemos capacidad crítica para analizar lo expuesto ¿A lo mejor iba en este sentido la eliminación de Educación para la Ciudadanía? Claro, es que se dogmatizaba, se me olvidaba que los docentes queremos fabricar una sociedad del mal y aprovechábamos este área para inculcar en los niños/as los mecanismos de un futuro estado maléfico.  Ya sé que queda ridículo, parece el argumento de un comic de Batman, pero lo es tanto como la afirmación sobre la laicidad. Bueno, estaremos tranquilos sabiendo que los conceptos fundamentales están más que claros entre los que rigen nuestro destino político. Creo que debemos avanzar mucho como sociedad para evitar tener que retorcer la realidad y acomodarla a las costumbres morales marcadas desde antiguo. El camino va a ser largo y nos movemos lentamente, solo pido que me dejen avanzar aunque sea en una vieja bicicleta, que no intenten convencerme de que vamos en Ave, cuando en realidad estamos retrocediendo, o parados sin caminar.


IMAGEN ALBA LAMUELA

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Somos racistas? Pequeña reflexión desde la cotidianidad.

Estamos sufriendo en el mundo, una especie de plaga involucionista que nos alarma a todos y cada uno/a de nosotros/as. Cuando leemos, bueno más bien vemos en la televisión, noticias de las aportaciones legislativas de Donald Trump en los Estados Unidos, o las propuestas que nos llegan de la cercana Francia,  del Frente Nacional, nos alarman y nos llegan de indignación. También cuando nos planteamos desde nuestra conciencia el drama de los refugiados, y como nuestra sociedad y nuestro país, está haciendo lo mínimo para salvar su cuota de responsabilidad social, nos llegamos a enfadar y manifestamos nuestro deseo, como ciudadanos de a pie, de que debería de replantearse la política inmigratoria.
Pero conforme nos acercamos en las reflexiones a puntos cercanos, comenzamos a ser más comprensivos con según qué tipo de actitudes. Cuando las decisiones que toman personas cercanas a mí, o yo mismo, pueden tacharse con el calificativo racista, empiezo a ver las connotaciones y a aportar razones que justifican esa actitud. Es lo normal, las cosas se juzgan muy asépticamente  cuando son lejanas, pero desde la cercanía, lo subjetivo nos hace ver muchos matices que no calibramos cuando juzgamos lo externo a nosotros.
En la escuela se ve muy claramente, ya exponía en la entrada anterior, como desde la visión de padres, nos preocupa y mucho, cual va a ser el origen de los compañeros/as de nuestros hijos/as, y muchas veces, la elección de centro, viene marcada por la pertenencia social de la mayoría de los alumnos/as. Además, este estigma es imposible de cambiar para un colegio. Si por razones de agrupación de viviendas de protección social, un colegio matricula a una alta tasa de población con necesidades sociales, en  nuestra comunidad, niños/as inmigrantes y/o de etnia gitana, aporte las novedades metodológicas que aporte, no va a dejar de ser considerado el "colegio de los gitanos", y por ello, no va a tener muchas solicitudes de matrícula, a no ser que la presión demográfica del barrio donde está situado aporte alumnos/as derivados de otros centros. Lo que en sí no es malo para el colegio, salvo porque el efecto integrador que puede tener la escuela dentro de la sociedad se diluye. Si el centro se esfuerza en realizar una gran cantidad de buenas prácticas, desde la motivación de atraer a población "normalizada", estas buenas prácticas ahí quedan, para beneficio de toda la comunidad educativa.
Se trata de una realidad contrastada. Como padres o madres es normal que tengamos estos miedos, ¿pero no se trata de una actitud racista? ¿Si reflexionásemos y viésemos esa actitud en los que están lejos de  nosotros, no nos lo plantearíamos así? ¿Cómo docentes no nos debería dar igual trabajar en un centro que en otro, sin imponer calificativos previos a algunos colegios? Sin duda si la Administración tuviese en cuenta estas particularidades, e hiciese una consideración positiva de los mismos a la hora de la dotación humana y material, sí, nos debería dar igual. Si con un dotación compensada, el proceso educativo puede ser igual o incluso mejor, ¿dónde está el problema?
De todas formas tampoco debemos fustigarnos por hacer tenido o tener este tipo de actitudes, es normal que las personas nos sintamos más cómodos  entre los que son iguales a nosotros, y desconfiemos de los que muestran diferencias,  la mayoría de las veces son costumbres y hábitos heredados, y por otra parte es desconocimiento. Tan solo sería reprochable, cuando desde después de una reflexión y con la certeza de que se ofrece una buena calidad de enseñanza, nos mantuviésemos en este tipo de actitudes.
Por otro lado está el abuso de determinadas minorías para responsabilizar a los demás de sus actos y actitudes con la calificación de racista, pero ese tema lo voy a dejar para otra entrada. Desde el equipo directivo he tenido que soportar que me llamasen racista, un montón de veces, por justificar la irresponsabilidad de algunas familias en la educación de sus hijos/as.
Lo importante es tener claro como somos, independientemente de la imagen que podamos dar en algún momento.




miércoles, 1 de marzo de 2017

Periodo de elección de centro. Lo que se expone y lo que se esconde.

Se acerca el plazo de solicitud de plaza para el curso 2017-18, pronto comenzarán las jornadas de puertas abiertas y los centros pondrán en conocimiento de los padres/madres de los nuevos alumnos/as, las bondades de su colegio para que sea el elegido por las familias. Es la hora de venderse y de acercar todas las fortalezas del colegio a los compradores de educación, sobre todo en los lugares donde hay poca natalidad y donde el cierre de unidades es una realidad. No es una situación que ataña solo a la educación concertada, donde el negocio solo es posible si la matrícula es alta, sino que también se vive en la red pública. Aquí los maestros/as dependen del número de vías de su colegio para mantener su puesto de trabajo o tener que acudir de nuevo al concurso de traslados movidos por una supresión de su vacante.
Así que por esta razón proliferan por la red, en estos días, artículos que defienden la libertad de elección de centro educativo y las bondades de una u otra red. No me considero un profesional anti nada, tampoco anti enseñanza concertada, a pesar de trabajar en la enseñanza pública. Conozco las dos redes, he colaborado con centros concertados en actividades extraescolares de forma desinteresada, más que desinteresada, además de colaborar con mi esfuerzo, y no poco, también lo he hecho pecuniariamente, puesto que entendía que desde la asociación deportiva ligada al centro se hacía una labor social.  Reconozco que no todos los colegios concertados son iguales, ni atienden a la misma población, de la misma forma que tampoco lo son los centros públicos. Pero creo que nos hace mucho daño a unos y a otros disfrazar la realidad, para vender algo diferente a lo que en realidad estamos ofreciendo,  en realidad, tampoco diferente, se trata de tapar las razones principales porque no son políticamente correctas, y resaltar como más importantes las que son en realidad secundarias. 
Finlandia, ese país que todo el mundo toma como referencia a la hora de hablar de educación, es el líder desde una red pública muy bien dotada,  con una metodología muy meditada y con una evaluación constante de la misma. El paradigma es que si solo hay una red, los ciudadanos económicamente pudientes y que son los que en teoría más aportan al erario público, procuran que sea de alta calidad, puesto que sus hijos van a acudir a la misma. Esto tiene un efecto beneficioso socialmente, la escuela es un lugar donde se produce desde pequeños una alta convivencia entre todas las capas sociales, lo que facilita una mayor empatía.  Es lo que dice la teoría, la verdad viendo los famosos resultados PISA, es que debe de funcionar. 
Los centros concertados, hablan de ideario diferente, basado en ética religiosa en la mayoría de los casos, y de la libertad de las familias para poder educar a sus hijos desde un colegio en concreto y no desde el que impone el estado. Sin embargo estamos en un estado de derecho y democrático, donde se busca el bien de todos los ciudadanos por igual, y donde la igualdad de oportunidades es un logro social en teoría conseguido. Si esto es así, ¿tiene algo de malo que se eduque a los alumnos/as como buenos ciudadanos y que la parte moral que corresponde a una determinada religión se enseñe en la familia o en el templo respectivo? Evidentemente no. Quien defiende esta teoría no se da cuenta que está llamando sectario al Estado Español, y que le está quitando unos valores que deberíamos potenciar desde la escuela; o eso o está llamando sectarios a los profesionales que trabajan en la escuela pública, y yo al menos soy escrupulosamente cuidadoso con ser imparcial en los temas en los que debo serlo, tanto o más que un profesional de la red concertada.. Por aquí este argumento pierde agua, además de generar dudas sobre el funcionamiento del sistema que no nos hace ningún bien.
Por otro lado están los que defienden la libertad de centro porque les gusta uno más que otro, es cierto, nuestra sociedad se basa en la libertad, pero de la misma forma que no puedes elegir centro hospitalario a no ser que lo pagues de forma independiente, o que no puedes elegir tribunal si la justicia te requiere por alguna acción, no es tan grave que acudas a un colegio u a otro si todos estuviesen bien dotados material y humanamente. 
La realidad es otra. La realidad, que no es políticamente correcta, es el reparto de los estratos sociales entre los centros educativos. Lo que se quiere evitar es la relación de los niños/as con determinados sectores sociales, y si llevo a mis hijos a un colegio donde no haya inmigrantes ni alumnos/as de etnia gitana estaré más tranquilo. Algunos, y repito algunos centros concertados, y algunos públicos, lo saben y juegan sus cartas para evitar tener población de este tipo y ser más apetecibles para la población "normalizada". Esta es la principal razón y no otra, aunque las demás también sean ciertas. No es que se mienta, es que no se dice toda la verdad. 
Dicho esto, cada cual puede elegir el colegio que quiera para sus hijos/as, pero asumiendo la realidad, que por cierto es muy legítima. A mi entender, se empobrece la capacidad competencial de los niños/as, que deberían ver todas las caras de la sociedad que ellos/as deberán mejorar en el futuro. Por cierto tienen mucho trabajo ¿Se podría solucionar la cuestión? Muy difícilmente, la realidad es que el urbanismo actual concentra a la "población marginal" en determinados sectores de las ciudades que hace que los colegios más cercanos deban asumir a este tipo de alumnado. La solución pasa por una redistribución, dentro de las ciudades, de los pisos de inserción social y huir de su concentración. También debería trabajarse el tema del transporte escolar dentro de las ciudades, con niños/as que siendo de otras zonas, y teniendo plazas escolares en las mismas, deciden trasladarse a centros sostenidos con fondos públicos en otro sector de la ciudad, y pagar una cantidad por dicho transporte. A lo mejor, y digo a lo mejor, podrían pagar parte de la plaza escolar a la que renuncian por trasladarse todos los días y que queda vacía. Y por supuesto, un control verdadero  y con decisión de todas las aportaciones "voluntarias" que deben realizar las familias en determinados colegios. Esta cuestión que todo el mundo conoce y que se trata de pasada con triquiñuelas legales, pero que en el fondo la Administración no quiere afrontar, y que sirve como freno para que las familias con necesidades económicas desistan de acudir a estos centros por no poder hacer frente a las donaciones, repito que "voluntarias".
 A lo mejor también se podría pedir en los conciertos de colegios de las grandes ciudades, que acompañando al mismo, fuese obligatorio que se concertase un centro en la zona rural, o que al menos, se ofreciese todos los años la posibilidad de pagar, desde la institución que regenta el colegio, becas para que los alumnos/as de las pequeñas localidades tuviesen la  misma "libertad" de elección. Además así veríamos terminada también la milonga de que la concertada sale más barata; asumiendo parte del gasto de localidades muy deficitarias en la gestión escolar, se repartiría entre las dos redes dicha carga, puesto que evidentemente, la escuela rural sale mucho más cara per cápita que la de los colegios completos, ¿pero tienen los niños/as de las localidades pequeñas menos derecho a una buena educación?

No hay nada como crear un mantra y repetirlo, la sociedad al final a base de oírlo repetidamente, lo da como cierto sin pararse a pensar en el mismo. No es cierto que la concertada sea mejor que la pública, pero tampoco al revés. Solo consiste en ser claros, elegir y asumir la elección, aunque a veces sea a base de admitir alguna incongruencia. Nos sobra ser políticamente correctos y nos falta ser consecuentes y claros con nosotros mismos y con los demás. Y que conste que a veces en el sitio más inesperado encontraremos una bella flor, siempre he dicho que en el mejor colegio del mundo puede tocarte un mal profesional, y en el que crees que va a ser desastroso te puedes encontrar con el mejor docente.


domingo, 26 de febrero de 2017

¿Diferenciamos los docentes calificación de evaluación?

Comentaba el otro día, con un compañero, una circunstancia que es bastante habitual en la dinámica de los centros. El maestro estaba preocupado porque había realizado una prueba escrita y no había obtenido los resultados esperados.
La solución era evidente, debía volver a retomar el aprendizaje de los estándares propuestos en la prueba y  realizar otra vez una evaluación de la adquisición de los mismos. Pero le surgió un problema. ¿Cómo debía calificar esa adquisición, con un promedio o con una valoración nueva desechando la anterior? Es un tema sobre el que he reflexionado bastante, y yo empiezo a tenerlo claro. Debemos enfocar el tema calificatorio competencialmente, y valorar si un alumno/a ha conseguido ser competente para superar los estándares planificados o no lo ha sido, pero desde luego, esta circunstancia debe ser independiente del momento de la consecución, siempre que se esté dentro de la temporalización legal que nos marca la Administración. Por eso, mi consejo a mi compañero, fue que pasase la prueba de nuevo, una vez repasados los contenidos implícitos, y que calificase con la mejor nota de las dos, así es como lo hago yo.
Si un fallo tiene la LOMCE, es que habla de competencias, pero sin embargo se empeña en realizar una calificación cuantitativa de los contenidos de las áreas, que no tiene mucho sentido, no tiene ninguno vamos. Los maestros/as acostumbrados a la dinámica habitual, nos empeñamos en sacar medias y en hablar a los niños de los resultados obtenidos a través de números, que en alguna ocasión tienen hasta centésimas, es absurdo. Un niño, puede no ser competente en algo durante un tiempo por diversas circunstancias, pero si antes de entregar el boletín, ha adquirido la referida competencia, y lo ha hecho de forma sobresaliente, se merece esa calificación, por mucho que en las pruebas anteriores que hubiésemos realizado no lo fuese. Deberíamos calificar el grado de competencia, no el momento de su adquisición. En ese sentido me gustaba mucho la calificación de la LOGSE, que hacía referencia a si progresaba adecuadamente o necesitaba mejorar. Lo primero, lo hacía en referencia a las capacidades individuales del alumno dentro de un marco de referencia de mínimos. Lo segundo,  tenía un gran valor competencial, aunque los docentes nunca quisimos verlo, porque nos empeñamos en  seguir nuestras dinámicas anteriores. Es verdad que sin ese cambio metodológico era un sinsentido. Pero la incongruencia no estaba en el sistema de calificación, sino en el metodológico, que nadie, o casi nadie, se planteó cambiar. Era más cómodo achacar los fallos del sistema a la calificación, por eso muchos maestros/as anotaban una calificación cuantitativa de forma oficiosa, al lado de la cuantitativa oficial, en los boletines de calificación.
Ahora corremos el riesgo de actuar de la misma forma. Lo importante es que el niño aprenda, que sepa solucionar todo tipo de tareas desde los distintos tipos de inteligencia, sabiendo adaptarse a la que mejor encaje con la tarea propuesta, sintiéndose más cómodo. Si logra hacerlo es competente, y si no, pues habrá que buscar estrategias metodológicas para que acabe siéndolo, pero una vez que lo es, lo es. Es independiente de cuanto esfuerzo didáctico hayamos debido emplear. 
Puedo entender una calificación cuantitativa, de suficiente a sobresaliente, para describir el grado de habilidad en el desarrollo de esa competencia adquirida, pero que venga marcada por el momento de adquisición no tiene sentido. Es muy importante que los docentes sepamos diferenciar el concepto importante de evaluación del proceso, y la calificación del mismo, que no es más que el reflejo del anterior en un momento determinado. La evaluación es muy importante, la calificación mucho menos, salvo como retroalimentación de la primera. Por sí sola debería de carecer de valor.

Todo el mundo calificaría a Alberto Contador como muy competente a la hora de valorar la competencia ciclista. Imaginemos que Contador hubiese comenzado a andar en bicicleta con veinte años. A la hora de valorarle competencialmente, ¿analizaríamos su habilidad actual, o realizaríamos una media desde los diez años? Pues eso deberíamos reflexionarlo a la hora de calificar. 
Tener claro este concepto es sumamente difícil, puesto que hay  que reconocer que la primera incongruencia proviene de las leyes educativas, que proponen algo pero no quieren renunciar a lo contrario. ¿Falta de valentía legisladora, o incompetencia? Se trata de otro tema a analizar.


IMAGEN ALBA LAMUELA

miércoles, 22 de febrero de 2017

LA COMPETENCIA PROFESIONAL DOCENTE VISTA POR LOS NIÑOS/AS DE PRIMARIA

Estamos desarrollando en el centro, un seminario sobre el perfil competencial que debe tener un docente,  y lo hacemos dentro del colectivo Atlántida en Aragón. Somos varios colegios los que estamos en el tema,  y además interrelacionados, desde dicho colectivo, con docentes del resto de España, en una función que es más que interesante. A través de Atlántida Aragón, escuchamos y compartimos una gran cantidad de visiones sobre dicha capacidad competencial, y además, analizamos las que aportan expertos sobre el proceso educativo. 
Es importante definir como debe ser un buen profesional docente, para así, poder aproximarnos a la excelencia competencial. Nos ayuda a marcar el camino a seguir cuando programamos y desarrollamos el proceso educativo con nuestros alumnos. Ya digo, grandes profesionales están aportando sus puntos de vista, que no vienen marcados por desarrollos teóricos, sino en la mayoría de los casos, desde la experiencia profesional .
Sin embargo, nos hemos olvidado, a mi entender, de la opinión de los más involucrados en dicho proceso, los propios alumnos/as. Puede que sean niños, que no tengan experiencia de vida, pero desde luego son muy inteligentes y saben lo que quieren y lo que les hace progresar más y mejor competencialmente. Así que me he propuesto preguntarles a mis propios alumnos de sexto de primaria,  sobre cómo debería ser el docente tipo que quieren encontrarse el próximo curso en su acceso a la educación secundaria. Lo he hecho desde una situación futura, sin conexión con el colegio, para salvar las interferencia a nivel personal, y evitar, en la medida de los posible, que extrapolasen filias o fobias actuales hacia docentes del centro.
La encuesta ha sido abierta, para no mediatizar sus respuestas, y la he planteado desde cuatro ámbitos competenciales.

El primero, a nivel de la competencia curricular, les he preguntado: ¿Qué debería saber el docente?
 De las respuestas obtenidas he sacado una conclusión meridiana, La mayoría tienen muy claro que debe conocer con profundidad los contenidos, pero muchos, también hacen referencia a que deben conocer metodologías  adecuadas para que dichos contenidos sean accesibles a los alumnos/as. Muy interesante que aquí asocien los elementos didácticos a los conocimientos de los contenidos propios del área que se está impartiendo, y les asimilen  en el mismo valor competencial.

El segundo, a nivel de competencias metodológicas, les he preguntado ¿Cómo debería enseñar?
Ha habido algunos casos que no han sabido delimitar la respuesta al ámbito de la pregunta, pero entre los que sí que lo han hecho, se han decantado por aprendizajes cercanos a su realidad y aprendizajes gamificados. Curiosamente ninguno se ha definido partidario de metodologías centradas en la memorización de contenidos, aunque en otras respuestas se decantasen por soluciones nada "innovadoras".

El tercero, a nivel de competencias tecnológicas, les he preguntado: ¿Qué tendría que saber utilizar?
La mayoría no ha resaltado la importancia del dominio de las nuevas tecnologías, es más, han vuelto a hacer referencias a cuestiones metodológicas. Solamente unos pocos alumnos/as las han mencionado expresamente. Sin embargo, a través del contexto, creo que mucho de los que no han señalado su importancia, es porque dan por supuesto su dominio, han nacido en un mundo tecnificado y no comprenden que su implantación ha sido reciente, para ellos/as es algo natural el uso de las TIC. Pero puede que mi criterio personal interfiera a la hora de realizar dicha valoración, por lo que no me atrevo a afirmarlo. De todas formas relevante que no haya una mayoría de referencias al dominio de la tecnología. Podría tratarse así mismo, de que estuviesen acostumbrados a tener un dominio similar, o superior, al del docente, y haberse acostumbrado a buscar esta mejora competencial desde escenarios distintos al docente y la escuela. Para reflexionar.

El cuarto, a nivel de competencias emocionales, les he preguntado: ¿Cómo te gustaría que el docente se relacionase contigo? 
Aquí una gran mayoría han respondido que desde la cercanía y la proximidad afectiva, sin embargo, es de destacar que alguna respuesta ha solicitado un alto grado de disciplina, pero no para el grupo, curiosamente para sí mismos/as. Lo que me hace suponer que no es que estén valorando negativamente el ambiente general, sino muy al contrario, su grado de responsabilidad personal, y quizá en estos casos, el trabajo sobre la autoestima y la responsabilidad que estamos llevando a cabo, no está teniendo los resultados esperados.


Así que creo, que deberían de ser los expuestos, los puntos de partida desde los que deberíamos comenzar nuestro trabajo de definición de la competencia profesional docente. De cara a mi labor profesional, me ha supuesto de gran valor evaluador. Yo, a través de mi experiencia docente, tenía claros muchos de estos aspectos, pero que los alumnos/as me los corroboren, o que me señalen la menor importancia de algunos de ellos, es muy revelador. Os propongo a todos/as, que realicéis este pequeño experimento, para luego analizar si os aproximáis profesionalmente al perfil que solicitan vuestros alumnos. 

domingo, 19 de febrero de 2017

EL BUENISMO NO ES UN MOTIVADOR DOCENTE. LOS COFOS.

En mi comunidad autónoma, Aragón, existe una figura en los centros educativos que es el coordinador de formación COFO, desconozco si en la totalidad del resto de comunidades, me consta que en algunas sí, o en otros países, hay algún docente que asuma la misma responsabilidad, u otra similar. Imagino que sí, puesto que realiza, en teoría, una labor positiva.
Las funciones de este docente, que debe realizar durante las dos sesiones semanales que se le adjudican para llevarla a cabo, son las de investigar y averiguar las necesidades de formación del claustro de docentes, y elevar las mismas, a través de un proyecto, a los organismos superiores que se encargan de elaborar los planes de formación autonómicos que den respuesta a estas carencias. A la vez, el COFO,  organiza la formación dentro del colegio, para que a través de seminarios y cursos de formación en el centro, se puedan solucionar las necesidades más inmediatas que pueden ser resueltas desde la cooperación de los integrantes del claustro.
Siempre he abogado por este tipo de formación, siempre he dicho que no hay mejor lugar para encontrar soluciones a los problemas cotidianos, con los que nos encontramos en clase, que las que  puede estar utilizando el compañero/a de la clase de al  lado, pues es quien se encuentra más cercano a mi realidad. Así que como idea inicial, la creación, hace años, de esta figura, es muy positiva y debería haber llevado a los centros. a una formación mucho más próxima a las necesidades que nos plantea el día a día.
Sin embargo,  la función de coordinador de formación no se limita a esta búsqueda de los intereses de los compañeros, también tiene una función administrativa. Debe realizar no solo los proyectos y la memoria de la actividad formativa del colegio, lo que es lógico, sino una función de control de todas las actividades, así como de las prácticas de los alumnos/as de la Facultas de Educación que acuden a nuestro colegio, lo que afea, y mucho, la labor. Se produce una burocratización de las funciones, que tiene que ver poco con la innovación educativa. Quiero dejar claro que como docentes no podemos dejar de lado toda la labor administrativa que nos compete, imprescindible para el control de la vida académica de los alumnos a lo largo de su discurrir por todo el sistema, pero cargar con burocracia una labor añadida no es la mejor manera de fomentarla.
De la misma forma, los maestros que asumen la función de coordinación de nuevas tecnologías, acaban siendo reparadores de hardware y actualizadores de software, y a lo que dedican menos tiempo, es a su función de real,  la de buscar soluciones a los problemas metodológicos que se les plantean a los docentes a través de las nuevas tecnologías, pero este tema lo trataremos en otra entrada.
Así que tenemos una función en los centros que pedagógicamente es muy bonita, pero que debido a la burocratización paralela, no es de mucha aceptación dentro del claustro. Los equipos directivos deben de buscar, y a veces pedir como un favor personal, a alguien que la lleve a cabo. En mis tiempos de jefe de estudios del colegio, parte de mi labor se centraba en ayudar a alguna docente que asumía la labor COFO en sus tareas administrativas, para que así pudiese dedicar a lo que a mi entender era más provechoso, la labor formativa.
Parece que la Administración, quiere plantear un perfil profesional, por cierto muy completo, para llevar a cabo dicha labor. Es fantástico. A mayor preparación para un puesto, sin duda alguna mejor resultado en sus funciones. Pero otra vez está alejada de la realidad y no ha visto la dificultad para encontrar quien quiera asumir dicha carga. Si la carga la hacemos más pesada, más dificultad para encontrar postulantes a la misma. Si no se varía a su vez las características laborales del puesto a cubrir, tendremos unas vacantes para grandes profesionales, pero sin cubrir por nadie. ¿Se han planteado que todo lo que se pide para acceder al perfil profesional propuesto, toda la formación necesaria, es a cambio de dos horas semanales para realizar la labor? Sobre todo si el perfil parece más encaminado a dar la formación personalmente que a fomentarla. A no ser que se pretendan cambiar esas condiciones laborales.
Se me ocurren muchas maneras para realizar dicha ampliación. Por un lado un complemento salarial, acorde con la preparación laboral exigida. Por otro una liberación horaria adecuada para asumir la formación, ya no como quien debe analizar las debilidades del centro y proponer formación, sino como asesor capaz de impartirla. No es mala figura, puesto que así no se separa de la realidad cotidiana de la docencia, pero sin duda alguna,  así me sobra la figura del asesor del CIFE, que con disponer de un coordinador que ampliase algo las funciones de los asesores de los centros sería suficiente. Podría ser una buena solución, y poder solicitar la formación en lo que no se llegase a la Universidad, a través de una coordinación real con la misma. También se podría crear una plaza específica en los centros, por concurso de traslados, donde para obtener la especialización fuese necesario acreditar el perfil profesional propuesto, que me parece, me reitero, espectacular. Claro que ¿cómo va a crear sinergias positivas hacia la formación alguien que acaba de llegar y está completamente desligado de la realidad del claustro? Imagino que en este punto todos estáis pensando que me he vuelto loco y que estoy en un país diferente al que estamos disfrutando-padeciendo. Valoración de un perfil de gran preparación, coordinación con la universidad, continuidad del contacto con el aula, utopías vamos.

Así que vuelvo a la realidad. Está muy bien el querer tener profesionales bien formados para realizar funciones concretas y específicas, en Educación y en el resto de departamentos, pero pretender, o al menos de momento así lo parece, que lo hagan por amor al arte, sin crear una motivación para la solicitud de dicha función, me parece que es vivir en un mundo paralelo, y desde esa pérdida de la realidad, desde donde muchas ideas que en principio son positivas degeneran en inercias sin ningún valor pedagógico. Es querer hacer una gran ofrenda de flores, pero solo con las de alta montaña, imposible, y además agotaremos las flores.


miércoles, 15 de febrero de 2017

La incoherencia de los docentes o la falta de reflexión sobre el proceso educativo

A los maestros nos gusta utilizar términos pedagógico-científicos, preferentemente en inglés, para demostrar a los demás, y a nosotros mismos, que somos muy innovadores y que estamos a la última en cuanto a los avances del proceso educativo. Sin embargo, no dedicamos el tiempo necesario a realizar una reflexión y una evaluación de lo que significan esos términos y, lo que es peor, lo que supone llegar hasta el final de una determinada teoría. Por eso, muchas veces, la supuesta utilización de una práctica novedosa, que decimos utilizar, se queda, tan solo, en una determinada tarea que no se extiende, interconectada, al resto de nuestra práctica. Lo que nos lleva a un determinado grado de incoherencia profesional, más o menos importante, dependiendo de nuestro grado de reflexión profesional.
La verdad, es que nuestra propia experiencia vital hace que demos por supuestas muchas de nuestras acciones, positivas en el pasado, como inmutables. Es complicado ponerte a reflexionar sobre algunas de tus prácticas más antiguas, sobre todo, reitero, si han sido exitosas, y plantearse la posibilidad de modificarlas. Lo primero, es que no podemos replantearnos constantemente todas nuestras acciones, puesto que no tendríamos tiempo para nada más, pero no hacerlo siempre tampoco implica no hacerlo nunca, y lo segundo, es que la inercia en los planteamientos profesionales es muy difícil de detener, puesto que solemos buscar factores externos a las distorsiones que se producen en el proceso, es una reacción humana. Además, es cierto que esas interacciones externas que escapan de nuestra labor existen, y son importantes causas del fracaso escolar de algunos de nuestros alumnos. No podemos negar esta realidad, ni tampoco focalizar toda la responsabilidad en el docente, sería injusto, pero también lo es, no revisar periódicamente nuestra labor para encontrar mejoras para aplicar en el proceso, puesto que algunas veces sí que podemos mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos.
En educación hablamos continuamente de que el proceso de aprendizaje debe ser individualizado y su evaluación, sumativa y continua. Tiene todo el sentido del mundo. Si el fin evaluador no es una calificación, ni  por supuesto, la graduación de la adquisición de conocimientos de un alumno con respecto al grupo, los marcos de referencia deberían estar marcados de la forma más individualizada posible. Si lo importante de la evaluación es conocer los aspectos en los que el alumno tiene alguna carencia competencial, para ayudarle a subsanarla y facilitarle los medios, a través de las tareas que creamos oportunas para que lo logre, no nos debería importar tanto si los métodos de calificación y las referencia utilizadas, difieren entre un alumno y el resto del grupo. Lo contrario, es no ser consecuente. Es cierto, que el desarrollo de un currículo por parte de la Administración, y los estándares que se deben superar para conseguir una titulación final, nos marcan  los objetivos a conseguir, pero no podemos olvidar, que el objetivo final del proceso educativo, es conseguir alumnos competentes, y que si lo logramos, superaran los estándares que son necesarios para la titulación final.
Es difícil conseguir esa coherencia cuando la misma Administración no lo es, y nos pide, que por un lado individualicemos el proceso, y por otro, califiquemos de una forma estandarizada y numéricamente con una graduación de los alumnos dentro de su grupo innegable, que nada tiene que ver con el principio de individualización.
El otro día, una compañera le decía a uno de los alumnos de sexto de E. Primaria, que tenían un problema, puesto que el niño, que había estado enfermo, no había hecho un examen y que a esa hora, iba a corregirlo de forma común, con el resto de compañeros, para que pudiese apreciar los fallos cometidos, y aprender a subsanarlos. Yo le pregunté si el niño podría tener un ocho, y ella me dijo que sí. Pues pónselo, fue mi comentario, a lo que me respondió, que eso sería injusto para los demás. En absoluto lo es, ¿en qué mejora la competencia de un alumno  la calificación obtenida por otro? En nada. La injusticia puede venir porque se puede modificar la graduación del niño dentro del grupo, pero si la evaluación, y  por lo tanto la educación es, o al menos debería ser individualizada, ¿es un problema? La respuesta es NO.

Pedimos a los niños/as que se preocupen de su proceso de aprendizaje, que deben valorar lo que saben y no compararse con nadie, que su referencia debe ser su mejora personal, y no su relación con lo que los demás saben o dejan de saber. Sin embargo, nuestra actuación en la mayoría de los casos, no es para nada consecuente con lo que decimos. No hemos reflexionado sobre el término educación  individualizada, simplemente nos sumamos al mismo porque es un término que es novedoso y yo quiero serlo. Pero, en el fondo, ¿he reflexionado sobre lo que supone? La mayoría de las veces no. Ese es el problema, que dedicamos muy poco tiempo a la reflexión, y por lo tanto, a la evaluación y modificación de nuestra labor. Es aquí, antes que en ningún otro sitio, donde mejora, o debería mejorar, el sistema educativo. No hay malas ni buenas prácticas, hay prácticas reflexionadas y con los objetivos claros y otras que no lo son. Podemos ser "innovadores" pero si no nos planteamos los objetivos de nuestras acciones como docentes, seremos malos profesionales. Es como si quisiéramos parecer expertos usuarios de tecnología punta pero en nuestra casa utilizásemos centralistas del siglo pasado.