UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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miércoles, 26 de abril de 2017

EL PRESTIGIO SOCIAL SOLO SE LOGRA CON LA PROFESIONALIDAD.

Las vacaciones de los docentes es uno de los temas de conversación preferidos en los mentideros de nuestra sociedad. Todo el mundo critica la gran cantidad de días sin clase que tenemos, y su deseo de alargar nuestra jornada laboral. No es cuestión de volver a enumerar las razones que motivan la realización del calendario escolar. Que si lo que se tiene en cuenta son las jornadas de los niños y no de los profesionales, que si el calendario escolar no corresponde al laboral de los docentes, que si las horas lectivas diarias no son las que están los maestros en el colegio, que si la labor del docente no acaba sino que empieza en el aula con la docencia directa, en fin es una tradición la de valorar negativamente las vacaciones de los docentes y da igual las razones que se argumenten, se ha convertido en un paradigma.
Por otro lado, no podemos negar que son más amplias que la del resto de colectivos, que no es algo de lo que podamos quejarnos, y que debemos valorar esta circunstancia como una gratificación profesional que no disponen otras profesiones.
Pero que no debamos ir a clase no significa, ni mucho menos, que desconectemos de nuestro trabajo, y que no estemos trabajando de hecho; lo que no ocurre en la mayoría del mundo profesional.
Actualmente, estoy realizando una operación bancaria con una entidad de prestigio. Dicha operación tiene un determinado proceso interno, ni mucho menos corto, que si se tratase de la administración denominaríamos burocracia mejorable. Pues bien, por determinados problemas de personal de la entidad, la burocracia interna está paralizada, y mi operación retenida, lo que me está ocasionando algún problema. La cuestión es que la capacitación y el prestigio profesional del personal bancario está muy valorado en la sociedad, nadie se plantea si tienen muchas o pocas vacaciones o si están bien o mal pagados, otra cosa muy distinta es el prestigio social de las entidades bancarias.
Un docente, a pesar de estar en periodo vacacional, en festivo, o en cualquier momento, no dejaría de pensar  en el problema que está teniendo un niño/a determinado y buscaría soluciones a aplicar. El empleado de banca tiene la suerte de que cuando toca acabar la jornada, la acaba, y hasta el día siguiente no tiene que pensar en la solución. No digo que no haya responsables de sucursales que estén atentos a sus clientes en horas intempestivas, pero por lo general es una presión añadida individualmente, no va con las obligaciones profesionales. En los docentes sí que es así, la jornada no acaba ni mucho menos cuando se sale del recinto escolar, no existe un horario al que fijarse y desentenderse de los retos profesionales, por ello mismo es llamada una profesión vocacional.
Cuando alguien decide dedicarse a la docencia no está pensando, en absoluto, en la cantidad de días de vacaciones que va a disponer a lo largo de su vida laboral, está pensando en el reto que supone mejorar el proceso educativo de los niños/as, en como desde su trabajo tiene la posibilidad de mejorar la sociedad en la que vive, y como así puede cambiar el futuro de los niños con los que está interactuando. No es ni mejor ni peor ser docente o empleado de banca, es diferente, unas profesiones tienen unas ventajas y unos inconvenientes y viceversa; lo que no es justo con el resto de colectivos profesionales, es que veamos las ventajas y no la totalidad de la labor, que hagamos juicios de valor sin conocer las situaciones reales, y que no es que deseemos para nosotros sus ventajas, sino que nos deja tranquilos que el resto de las profesiones sufran nuestros inconvenientes. Debemos intentar mejorar nuestra profesión y la sociedad en su conjunto,  desde reivindicaciones positivas, no desde la extensión y generalización de as cuestiones mejorables.
Sí, es verdad que los docentes tenemos más vacaciones y un horario en el aula más breve que el que deben realizar los empleados de banca, pero también es cierto que no hay límites ni horarios de trabajo cerrados.
Hemos perdido respeto social por haber perdido el halo de profesionalidad que teníamos antaño. Sin duda es por nuestra culpa, por habernos dejado embaucar por un sistema editorial que sustituye las decisiones del docente por las propuestas desde un método concreto propuesto en los libros de texto, nos hemos dejado engañar y además, no es que hayamos perdido individualmente autoestima profesional, es que se la hemos hecho perder al colectivo.
Si yo llamo a un fontanero, no quiero que sepa montar piezas prefabricadas, que para algunos casos puede ser la solución más fácil, quiero que sepa ajustarse a mi problema concreto y darme la mejor solución, aunque para ello deba fabricar una pieza concreta que se ajuste a la situación.
 Hemos perdido ese carisma, esa consideración, y es por eso que la sociedad solo nos ve como elementos necesarios, de momento, para mover el engranaje educativo. Pero al no tener ya esa consideración positiva, la sociedad reclama que no dispongamos de lo que se consideran "privilegios".La culpa la tenemos nosotros, que no hemos sabido mantener la consideración que tenían los docentes hace medio siglo, curiosamente se comienza a perder con la metodología de las fichas y los textos que se implanta con la llegada de la EGB, motivo para la reflexión.  Debemos cambiarla, porque es sintomático que el docente nominado este curso al Global Teacher Prize, no haya pisado nunca un aula, y se dedique a colgar sus clases desde la plataforma Youtube.
Creo que como colectivo debemos esforzarnos en ver que docente no puede ser cualquiera que tenga una guía del maestro en la mano, así nos ve el resto de la sociedad. Es necesaria cierta capacitación,  es necesaria la imaginación didáctica, y por tanto, debemos mostrar que somos un puntal importante para lograr, en un futuro próximo, una sociedad mejor.
El prestigio social solo se logra, o se recupera en este caso, a base de profesionalidad, y me parece que o nos vamos dando prisa, o nuestra profesión, tal y como la entendemos ahora, se difuminará con el paso de los tiempos, como lo han hecho otras a lo largo de la historia.




IMAGEN ALBA LAMUELA