UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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miércoles, 1 de marzo de 2017

Periodo de elección de centro. Lo que se expone y lo que se esconde.

Se acerca el plazo de solicitud de plaza para el curso 2017-18, pronto comenzarán las jornadas de puertas abiertas y los centros pondrán en conocimiento de los padres/madres de los nuevos alumnos/as, las bondades de su colegio para que sea el elegido por las familias. Es la hora de venderse y de acercar todas las fortalezas del colegio a los compradores de educación, sobre todo en los lugares donde hay poca natalidad y donde el cierre de unidades es una realidad. No es una situación que ataña solo a la educación concertada, donde el negocio solo es posible si la matrícula es alta, sino que también se vive en la red pública. Aquí los maestros/as dependen del número de vías de su colegio para mantener su puesto de trabajo o tener que acudir de nuevo al concurso de traslados movidos por una supresión de su vacante.
Así que por esta razón proliferan por la red, en estos días, artículos que defienden la libertad de elección de centro educativo y las bondades de una u otra red. No me considero un profesional anti nada, tampoco anti enseñanza concertada, a pesar de trabajar en la enseñanza pública. Conozco las dos redes, he colaborado con centros concertados en actividades extraescolares de forma desinteresada, más que desinteresada, además de colaborar con mi esfuerzo, y no poco, también lo he hecho pecuniariamente, puesto que entendía que desde la asociación deportiva ligada al centro se hacía una labor social.  Reconozco que no todos los colegios concertados son iguales, ni atienden a la misma población, de la misma forma que tampoco lo son los centros públicos. Pero creo que nos hace mucho daño a unos y a otros disfrazar la realidad, para vender algo diferente a lo que en realidad estamos ofreciendo,  en realidad, tampoco diferente, se trata de tapar las razones principales porque no son políticamente correctas, y resaltar como más importantes las que son en realidad secundarias. 
Finlandia, ese país que todo el mundo toma como referencia a la hora de hablar de educación, es el líder desde una red pública muy bien dotada,  con una metodología muy meditada y con una evaluación constante de la misma. El paradigma es que si solo hay una red, los ciudadanos económicamente pudientes y que son los que en teoría más aportan al erario público, procuran que sea de alta calidad, puesto que sus hijos van a acudir a la misma. Esto tiene un efecto beneficioso socialmente, la escuela es un lugar donde se produce desde pequeños una alta convivencia entre todas las capas sociales, lo que facilita una mayor empatía.  Es lo que dice la teoría, la verdad viendo los famosos resultados PISA, es que debe de funcionar. 
Los centros concertados, hablan de ideario diferente, basado en ética religiosa en la mayoría de los casos, y de la libertad de las familias para poder educar a sus hijos desde un colegio en concreto y no desde el que impone el estado. Sin embargo estamos en un estado de derecho y democrático, donde se busca el bien de todos los ciudadanos por igual, y donde la igualdad de oportunidades es un logro social en teoría conseguido. Si esto es así, ¿tiene algo de malo que se eduque a los alumnos/as como buenos ciudadanos y que la parte moral que corresponde a una determinada religión se enseñe en la familia o en el templo respectivo? Evidentemente no. Quien defiende esta teoría no se da cuenta que está llamando sectario al Estado Español, y que le está quitando unos valores que deberíamos potenciar desde la escuela; o eso o está llamando sectarios a los profesionales que trabajan en la escuela pública, y yo al menos soy escrupulosamente cuidadoso con ser imparcial en los temas en los que debo serlo, tanto o más que un profesional de la red concertada.. Por aquí este argumento pierde agua, además de generar dudas sobre el funcionamiento del sistema que no nos hace ningún bien.
Por otro lado están los que defienden la libertad de centro porque les gusta uno más que otro, es cierto, nuestra sociedad se basa en la libertad, pero de la misma forma que no puedes elegir centro hospitalario a no ser que lo pagues de forma independiente, o que no puedes elegir tribunal si la justicia te requiere por alguna acción, no es tan grave que acudas a un colegio u a otro si todos estuviesen bien dotados material y humanamente. 
La realidad es otra. La realidad, que no es políticamente correcta, es el reparto de los estratos sociales entre los centros educativos. Lo que se quiere evitar es la relación de los niños/as con determinados sectores sociales, y si llevo a mis hijos a un colegio donde no haya inmigrantes ni alumnos/as de etnia gitana estaré más tranquilo. Algunos, y repito algunos centros concertados, y algunos públicos, lo saben y juegan sus cartas para evitar tener población de este tipo y ser más apetecibles para la población "normalizada". Esta es la principal razón y no otra, aunque las demás también sean ciertas. No es que se mienta, es que no se dice toda la verdad. 
Dicho esto, cada cual puede elegir el colegio que quiera para sus hijos/as, pero asumiendo la realidad, que por cierto es muy legítima. A mi entender, se empobrece la capacidad competencial de los niños/as, que deberían ver todas las caras de la sociedad que ellos/as deberán mejorar en el futuro. Por cierto tienen mucho trabajo ¿Se podría solucionar la cuestión? Muy difícilmente, la realidad es que el urbanismo actual concentra a la "población marginal" en determinados sectores de las ciudades que hace que los colegios más cercanos deban asumir a este tipo de alumnado. La solución pasa por una redistribución, dentro de las ciudades, de los pisos de inserción social y huir de su concentración. También debería trabajarse el tema del transporte escolar dentro de las ciudades, con niños/as que siendo de otras zonas, y teniendo plazas escolares en las mismas, deciden trasladarse a centros sostenidos con fondos públicos en otro sector de la ciudad, y pagar una cantidad por dicho transporte. A lo mejor, y digo a lo mejor, podrían pagar parte de la plaza escolar a la que renuncian por trasladarse todos los días y que queda vacía. Y por supuesto, un control verdadero  y con decisión de todas las aportaciones "voluntarias" que deben realizar las familias en determinados colegios. Esta cuestión que todo el mundo conoce y que se trata de pasada con triquiñuelas legales, pero que en el fondo la Administración no quiere afrontar, y que sirve como freno para que las familias con necesidades económicas desistan de acudir a estos centros por no poder hacer frente a las donaciones, repito que "voluntarias".
 A lo mejor también se podría pedir en los conciertos de colegios de las grandes ciudades, que acompañando al mismo, fuese obligatorio que se concertase un centro en la zona rural, o que al menos, se ofreciese todos los años la posibilidad de pagar, desde la institución que regenta el colegio, becas para que los alumnos/as de las pequeñas localidades tuviesen la  misma "libertad" de elección. Además así veríamos terminada también la milonga de que la concertada sale más barata; asumiendo parte del gasto de localidades muy deficitarias en la gestión escolar, se repartiría entre las dos redes dicha carga, puesto que evidentemente, la escuela rural sale mucho más cara per cápita que la de los colegios completos, ¿pero tienen los niños/as de las localidades pequeñas menos derecho a una buena educación?

No hay nada como crear un mantra y repetirlo, la sociedad al final a base de oírlo repetidamente, lo da como cierto sin pararse a pensar en el mismo. No es cierto que la concertada sea mejor que la pública, pero tampoco al revés. Solo consiste en ser claros, elegir y asumir la elección, aunque a veces sea a base de admitir alguna incongruencia. Nos sobra ser políticamente correctos y nos falta ser consecuentes y claros con nosotros mismos y con los demás. Y que conste que a veces en el sitio más inesperado encontraremos una bella flor, siempre he dicho que en el mejor colegio del mundo puede tocarte un mal profesional, y en el que crees que va a ser desastroso te puedes encontrar con el mejor docente.