UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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domingo, 19 de febrero de 2017

EL BUENISMO NO ES UN MOTIVADOR DOCENTE. LOS COFOS.

En mi comunidad autónoma, Aragón, existe una figura en los centros educativos que es el coordinador de formación COFO, desconozco si en la totalidad del resto de comunidades, me consta que en algunas sí, o en otros países, hay algún docente que asuma la misma responsabilidad, u otra similar. Imagino que sí, puesto que realiza, en teoría, una labor positiva.
Las funciones de este docente, que debe realizar durante las dos sesiones semanales que se le adjudican para llevarla a cabo, son las de investigar y averiguar las necesidades de formación del claustro de docentes, y elevar las mismas, a través de un proyecto, a los organismos superiores que se encargan de elaborar los planes de formación autonómicos que den respuesta a estas carencias. A la vez, el COFO,  organiza la formación dentro del colegio, para que a través de seminarios y cursos de formación en el centro, se puedan solucionar las necesidades más inmediatas que pueden ser resueltas desde la cooperación de los integrantes del claustro.
Siempre he abogado por este tipo de formación, siempre he dicho que no hay mejor lugar para encontrar soluciones a los problemas cotidianos, con los que nos encontramos en clase, que las que  puede estar utilizando el compañero/a de la clase de al  lado, pues es quien se encuentra más cercano a mi realidad. Así que como idea inicial, la creación, hace años, de esta figura, es muy positiva y debería haber llevado a los centros. a una formación mucho más próxima a las necesidades que nos plantea el día a día.
Sin embargo,  la función de coordinador de formación no se limita a esta búsqueda de los intereses de los compañeros, también tiene una función administrativa. Debe realizar no solo los proyectos y la memoria de la actividad formativa del colegio, lo que es lógico, sino una función de control de todas las actividades, así como de las prácticas de los alumnos/as de la Facultas de Educación que acuden a nuestro colegio, lo que afea, y mucho, la labor. Se produce una burocratización de las funciones, que tiene que ver poco con la innovación educativa. Quiero dejar claro que como docentes no podemos dejar de lado toda la labor administrativa que nos compete, imprescindible para el control de la vida académica de los alumnos a lo largo de su discurrir por todo el sistema, pero cargar con burocracia una labor añadida no es la mejor manera de fomentarla.
De la misma forma, los maestros que asumen la función de coordinación de nuevas tecnologías, acaban siendo reparadores de hardware y actualizadores de software, y a lo que dedican menos tiempo, es a su función de real,  la de buscar soluciones a los problemas metodológicos que se les plantean a los docentes a través de las nuevas tecnologías, pero este tema lo trataremos en otra entrada.
Así que tenemos una función en los centros que pedagógicamente es muy bonita, pero que debido a la burocratización paralela, no es de mucha aceptación dentro del claustro. Los equipos directivos deben de buscar, y a veces pedir como un favor personal, a alguien que la lleve a cabo. En mis tiempos de jefe de estudios del colegio, parte de mi labor se centraba en ayudar a alguna docente que asumía la labor COFO en sus tareas administrativas, para que así pudiese dedicar a lo que a mi entender era más provechoso, la labor formativa.
Parece que la Administración, quiere plantear un perfil profesional, por cierto muy completo, para llevar a cabo dicha labor. Es fantástico. A mayor preparación para un puesto, sin duda alguna mejor resultado en sus funciones. Pero otra vez está alejada de la realidad y no ha visto la dificultad para encontrar quien quiera asumir dicha carga. Si la carga la hacemos más pesada, más dificultad para encontrar postulantes a la misma. Si no se varía a su vez las características laborales del puesto a cubrir, tendremos unas vacantes para grandes profesionales, pero sin cubrir por nadie. ¿Se han planteado que todo lo que se pide para acceder al perfil profesional propuesto, toda la formación necesaria, es a cambio de dos horas semanales para realizar la labor? Sobre todo si el perfil parece más encaminado a dar la formación personalmente que a fomentarla. A no ser que se pretendan cambiar esas condiciones laborales.
Se me ocurren muchas maneras para realizar dicha ampliación. Por un lado un complemento salarial, acorde con la preparación laboral exigida. Por otro una liberación horaria adecuada para asumir la formación, ya no como quien debe analizar las debilidades del centro y proponer formación, sino como asesor capaz de impartirla. No es mala figura, puesto que así no se separa de la realidad cotidiana de la docencia, pero sin duda alguna,  así me sobra la figura del asesor del CIFE, que con disponer de un coordinador que ampliase algo las funciones de los asesores de los centros sería suficiente. Podría ser una buena solución, y poder solicitar la formación en lo que no se llegase a la Universidad, a través de una coordinación real con la misma. También se podría crear una plaza específica en los centros, por concurso de traslados, donde para obtener la especialización fuese necesario acreditar el perfil profesional propuesto, que me parece, me reitero, espectacular. Claro que ¿cómo va a crear sinergias positivas hacia la formación alguien que acaba de llegar y está completamente desligado de la realidad del claustro? Imagino que en este punto todos estáis pensando que me he vuelto loco y que estoy en un país diferente al que estamos disfrutando-padeciendo. Valoración de un perfil de gran preparación, coordinación con la universidad, continuidad del contacto con el aula, utopías vamos.

Así que vuelvo a la realidad. Está muy bien el querer tener profesionales bien formados para realizar funciones concretas y específicas, en Educación y en el resto de departamentos, pero pretender, o al menos de momento así lo parece, que lo hagan por amor al arte, sin crear una motivación para la solicitud de dicha función, me parece que es vivir en un mundo paralelo, y desde esa pérdida de la realidad, desde donde muchas ideas que en principio son positivas degeneran en inercias sin ningún valor pedagógico. Es querer hacer una gran ofrenda de flores, pero solo con las de alta montaña, imposible, y además agotaremos las flores.