Muchas veces cuando un compañero/a de equipo directivo nos comenta una problemática que ha surgido en su colegio, nos ponemos inmediatamente de su parte, sin pensar mucho en lo ocurrido, más todavía si el conflicto ha sido con un padre/madre o con la administración educativa. Pero puede darse el caso, de que el que haya actuado mal sea el docente, no podemos caer en un corporativismo, que no conlleva a una mejora educativa. Si no se ha actuado bien debemos decírselo, no regalarle los oídos con falsas apreciaciones. Aunque parezca que no nos afecta, sí que lo hace. Si se produce una mala praxis, la sociedad lo va a ver como un problema de toda la profesión, raramente se reduce la mala fama al lugar concreto donde se ha producido.
Puede ser también que el equivocado sea yo, en el juicio de la acción, por eso debo ser cuidadoso, y darle mi opinión al compañero/a, antes de difundirla por ningún sitio, pero muchas veces confundimos esta prudencia con el corporativismo y tratamos de tapar situaciones incómodas, para no vernos afectados, este es el error.
Yo no puedo ocultar una mala conducta de un maestro, por mucho que yo lo sea, de la misma manera, que nadie tiene que tapar las mías si las tengo, o las he tenido. Es más, no lo quiero, puesto que si no me comunican lo que estoy haciendo mal, no seré muy consciente de la situación y no podré mejorarla o atajarla en un futuro. Nadie es, ni puede ser, perfecto, así que es muy necesario que recibamos críticas constructivas sobre nuestra labor. Lo que sí que se produce sin embargo, y tristemente con más asiduidad, es la crítica perniciosa que no llega a nuestros oídos, y que por lo tanto no nos sirve de feed-back, la que solo trae perjuicios, ya no solo a la persona aludida, sino a toda la profesión.
Si yo tengo un compañero/a que no está realizando su labor conforme a lo establecido por la normativa, se lo tendré que hacer saber, igual que deberán hacérmelo saber a mí. No deberé decírselo de forma agresiva, mi intención no debe ser nunca el herir a nadie, no creo que los profesionales tengan malas actitudes conscientemente, y precisamente por eso, por la buena voluntad y la vocación docente que todos tenemos, un comentario a tiempo puede llevar a una reflexión sobre la labor realizada que siempre es positiva, y muchas veces necesaria
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