En mi comunidad autónoma, Aragón, existe una figura en los centros
educativos que es el coordinador de formación COFO, desconozco si en la
totalidad del resto de comunidades, me consta que en algunas sí, o en otros
países, hay algún docente que asuma la misma responsabilidad, u otra similar. Imagino que sí, puesto que realiza, en teoría, una labor positiva.
Las funciones de
este docente, que debe realizar durante las dos sesiones semanales que se le
adjudican para llevarla a cabo, son las de investigar y averiguar las
necesidades de formación del claustro de docentes, y elevar las mismas, a través
de un proyecto, a los organismos superiores que se encargan de elaborar los
planes de formación autonómicos que den respuesta a estas carencias. A la vez,
el COFO, organiza la formación dentro del colegio, para que a través de
seminarios y cursos de formación en el centro, se puedan solucionar las
necesidades más inmediatas que pueden ser resueltas desde la cooperación de los
integrantes del claustro.
Siempre he abogado
por este tipo de formación, siempre he dicho que no hay mejor lugar para
encontrar soluciones a los problemas cotidianos, con los que nos encontramos en
clase, que las que puede estar utilizando
el compañero/a de la clase de al lado, pues es quien se encuentra más
cercano a mi realidad. Así que como idea inicial, la creación, hace años, de esta
figura, es muy positiva y debería haber llevado a los centros. a una formación
mucho más próxima a las necesidades que nos plantea el día a día.
Sin embargo, la
función de coordinador de formación no se limita a esta búsqueda de los
intereses de los compañeros, también tiene una
función administrativa. Debe realizar no solo los proyectos y la memoria de la
actividad formativa del colegio, lo que es lógico, sino una función de control
de todas las actividades, así como de las prácticas de los alumnos/as de la
Facultas de Educación que acuden a nuestro colegio, lo que afea, y mucho, la
labor. Se produce una burocratización de las funciones, que tiene que ver poco
con la innovación educativa. Quiero dejar claro que como docentes no podemos
dejar de lado toda la labor administrativa que nos compete, imprescindible para
el control de la vida académica de los alumnos a lo largo de su discurrir por
todo el sistema, pero cargar con burocracia una labor añadida no es la mejor
manera de fomentarla.
De la misma forma,
los maestros que asumen la función de coordinación de nuevas tecnologías,
acaban siendo reparadores de hardware y actualizadores de software, y a lo que
dedican menos tiempo, es a su función de real, la de buscar soluciones a
los problemas metodológicos que se les plantean a los docentes a través de las
nuevas tecnologías, pero este tema lo trataremos en otra entrada.
Así que tenemos
una función en los centros que pedagógicamente es muy bonita, pero que debido a
la burocratización paralela, no es de mucha aceptación dentro del claustro. Los
equipos directivos deben de buscar, y a veces pedir como un favor personal, a
alguien que la lleve a cabo. En mis tiempos de jefe de estudios del
colegio, parte de mi labor se centraba en ayudar a alguna docente que asumía la
labor COFO en sus tareas administrativas, para que así pudiese dedicar a lo que
a mi entender era más provechoso, la labor formativa.
Parece que la
Administración, quiere plantear un perfil profesional, por cierto muy completo,
para llevar a cabo dicha labor. Es fantástico. A mayor preparación para un
puesto, sin duda alguna mejor resultado en sus funciones. Pero otra vez está
alejada de la realidad y no ha visto la dificultad para encontrar quien quiera
asumir dicha carga. Si la carga la hacemos más pesada, más dificultad para
encontrar postulantes a la misma. Si no se varía a su vez las características
laborales del puesto a cubrir, tendremos unas vacantes para grandes
profesionales, pero sin cubrir por nadie. ¿Se han planteado que todo lo que se
pide para acceder al perfil profesional propuesto, toda la formación necesaria,
es a cambio de dos horas semanales para realizar la labor? Sobre todo si el perfil parece más encaminado a dar la formación personalmente que a fomentarla. A no ser que se
pretendan cambiar esas condiciones laborales.
Se me ocurren
muchas maneras para realizar dicha ampliación. Por un lado un complemento
salarial, acorde con la preparación laboral exigida. Por otro una liberación
horaria adecuada para asumir la formación, ya no como quien debe analizar las
debilidades del centro y proponer formación, sino como asesor capaz de
impartirla. No es mala figura, puesto que así no se separa de la realidad
cotidiana de la docencia, pero sin duda alguna, así me sobra la figura
del asesor del CIFE, que con disponer de un coordinador que ampliase algo las
funciones de los asesores de los centros sería suficiente. Podría ser una buena
solución, y poder solicitar la formación en lo que no se llegase a la
Universidad, a través de una coordinación real con la misma. También se podría
crear una plaza específica en los centros, por concurso de traslados, donde
para obtener la especialización fuese necesario acreditar el perfil profesional
propuesto, que me parece, me reitero, espectacular. Claro que ¿cómo va a crear
sinergias positivas hacia la formación alguien que acaba de llegar y está
completamente desligado de la realidad del claustro? Imagino que en este punto
todos estáis pensando que me he vuelto loco y que estoy en un país diferente al
que estamos disfrutando-padeciendo. Valoración de un perfil de gran preparación, coordinación con la universidad, continuidad del contacto con el aula, utopías vamos.
Así que vuelvo a
la realidad. Está muy bien el querer tener profesionales bien formados para
realizar funciones concretas y específicas, en Educación y en el resto de
departamentos, pero pretender, o al menos de momento así lo parece, que lo
hagan por amor al arte, sin crear una motivación para la solicitud de dicha
función, me parece que es vivir en un mundo paralelo, y desde esa pérdida de la
realidad, desde donde muchas ideas que en principio son positivas degeneran en
inercias sin ningún valor pedagógico. Es querer hacer una gran ofrenda de
flores, pero solo con las de alta montaña, imposible, y además agotaremos las
flores.
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