Los alumnos/as de quinto que acudimos al apoyo de compensación educativa,
nos planteamos un gran reto tras la lectura de cuentos navideños.
Nos propusimos un proyecto a lo grande, que trabajase todas las competencias
que marca la LOMCE. Sabemos que está de moda, sobre todo con el aluvión de
programas televisivos que nos emiten, pero aún así nos decidimos por la
"alta cocina".
Realizamos trabajo de competencia lingüística, expresándonos delante de la
cámara y en la redacción de las recetas previas a la grabación.
En competencia matemático y científico tecnológica, cuando realizamos los
cálculos necesarios del presupuesto que necesitábamos, así como del remanente
con el que podíamos disponer a la hora de realizar la compra en el
supermercado.
La competencia digital la trabajamos al buscar recetas e inspirarnos para las
que íbamos a elaborar, y en la grabación y edición del video que presentamos.
La de aprender a aprender al elaborar el planing del proyecto, teniendo en
cuenta la priorización de tareas y su secuenciación temporal.
La competencia social y ciudadana, la trabajamos de varias formas. La
primera en la importancia del trabajo en equipo para llevar a buen puerto el
proyecto. También en la interacción que supuso nuestro paso por el supermercado,
explicando nuestra presencia a pesar de estar en horario escolar, dejando claro
que estábamos realizando una tarea formativa a todo el mundo que nos preguntó.
Quiero reseñar que fueron varias las personas que se interesaron por esta circunstancia.
La competencia emprendedora, es el término que más me gusta para
denominarla, queda claro que se trabaja desde el primer momento. Son los mismos
niños/as los que deciden la actividad que quieren emprender, valga la
redundancia. Son ellos/as los que tienen que ir tomando decisiones para salvar
los obstáculos que van apareciendo.
La competencia que incide sobre la conciencia y expresión cultural, está
trabajada desde la decisión de elegir unas recetas u otras, aquí sus raíces
familiares tienen mucho que ver, y en las decisiones estéticas que se tomaron a
la hora de elaborar el vídeo.
Esperamos que osguste la receta.
UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
elpaquez@gmail.com
elpaquez@gmail.com
jueves, 11 de febrero de 2016
lunes, 8 de febrero de 2016
A VECES ADAPTAR ES LA MAYOR INNOVACIÓN.
Estuve el otro día en un concierto de Miguel Rivera, un virtuoso guitarrista
que nos deleitó con un montón de composiciones. Además de recomendar vivamente
su música y disfrutar tremendamente con los temas que interpretó, nos comentó
los mismos, y nos indicó el proceso que había seguido para llegar a ese grado de
perfección técnica, tanto en la interpretación como en la composición y arreglos. Me hizo reflexionar y extender varias de las mismas hacia el proceso
educativo. Sin duda la primera es evidente, solo se puede rozar la perfección a
base de trabajo, trabajo que puede llevar a la desesperación si los resultados tardan en llegar. Comentaba Miguel que
alguna vez estuvo a punto de arrojar su guitarra contra la pared. Solo el precio de
la misma evitó ese desastre. Pero fue más allá, llegado a un punto en su
carrera musical, sintió que debía seguir avanzando, y lo hizo con la búsqueda
de nuevas afinaciones. Primera confluencia con la práctica educativa. Si los
métodos que utilizamos siempre, no consiguen el resultado que buscamos, lo
evidente es dirigirte por otro camino, que seguramente estará inexplorado, pero
que puede que nos lleve a buen puerto.
Otra cosa que me llamó mucho la atención, es que antes de empezar un tema, necesitaba afinar su guitarra, aquí tenemos la segunda confluencia. En educación debemos tener un feed-back constante, que nos ayude a mantener una buena dirección. Para lograrlo es imprescindible una evaluación precisa y lo más objetiva posible del proceso, y especialmente de la labor docente.
El tercer impacto llegó cuando interpretó el tema Scherezade de Rimsky Korsakov, pero no realizó una performance clásica, se aventuró con una innovación atrevida, y lo hizo de tal forma que parecía otra canción, a pesar de que se reconocía la melodía.
Muchas veces al pensar en innovación creemos que tenemos que desterrar totalmente nuestras prácticas habituales, y romper absolutamente con lo que estamos realizando actualmente. No es así, lo que hacemos puede cumplir bien con nuestros objetivos educativos. Pero la sociedad en la que estamos educando, ha cambiado substancialmente en los últimos veinte años, sobre todo tecnológicamente. La mayoría de las veces, unos retoques de actualidad consiguen una mayor eficiencia educativa. Con ellos se lográ una sintonía mayor con nuestros alumnos/as que trae aparejada una mayor y mejor motivación hacia lo que les planteamos.
No consiste en hacer cambios drásticos sino pequeños retoques metodológicos. Innovamos más de lo que nos parece, podríamos compartir muchas de nuestras experiencias diarias, que erróneamente, nos parecen poco relevantes.
Ser innovador no consiste en romper, consiste en transformar, en adaptar lo que hacemos a la realidad social en la que vivimos y trabajamos. Si Rimsky Korsakov hubiese dispuesto de los medios técnicos con los que cuenta Miguel, a lo mejor hubiese compuesto Scherezade de otra manera. Lo que es seguro, es que si pudiese escuchar la versión de Miguel, no diría que hay que ceñirse a los arreglos primigenios porque siempre se ha hecho así. Estoy convencido de que estaría encantado.
Os dejo otro tema de Miguel Rivera, no he conseguido Scherezade, innovación en estado puro.
Otra cosa que me llamó mucho la atención, es que antes de empezar un tema, necesitaba afinar su guitarra, aquí tenemos la segunda confluencia. En educación debemos tener un feed-back constante, que nos ayude a mantener una buena dirección. Para lograrlo es imprescindible una evaluación precisa y lo más objetiva posible del proceso, y especialmente de la labor docente.
El tercer impacto llegó cuando interpretó el tema Scherezade de Rimsky Korsakov, pero no realizó una performance clásica, se aventuró con una innovación atrevida, y lo hizo de tal forma que parecía otra canción, a pesar de que se reconocía la melodía.
Muchas veces al pensar en innovación creemos que tenemos que desterrar totalmente nuestras prácticas habituales, y romper absolutamente con lo que estamos realizando actualmente. No es así, lo que hacemos puede cumplir bien con nuestros objetivos educativos. Pero la sociedad en la que estamos educando, ha cambiado substancialmente en los últimos veinte años, sobre todo tecnológicamente. La mayoría de las veces, unos retoques de actualidad consiguen una mayor eficiencia educativa. Con ellos se lográ una sintonía mayor con nuestros alumnos/as que trae aparejada una mayor y mejor motivación hacia lo que les planteamos.
No consiste en hacer cambios drásticos sino pequeños retoques metodológicos. Innovamos más de lo que nos parece, podríamos compartir muchas de nuestras experiencias diarias, que erróneamente, nos parecen poco relevantes.
Ser innovador no consiste en romper, consiste en transformar, en adaptar lo que hacemos a la realidad social en la que vivimos y trabajamos. Si Rimsky Korsakov hubiese dispuesto de los medios técnicos con los que cuenta Miguel, a lo mejor hubiese compuesto Scherezade de otra manera. Lo que es seguro, es que si pudiese escuchar la versión de Miguel, no diría que hay que ceñirse a los arreglos primigenios porque siempre se ha hecho así. Estoy convencido de que estaría encantado.
Os dejo otro tema de Miguel Rivera, no he conseguido Scherezade, innovación en estado puro.
jueves, 4 de febrero de 2016
JORNADA CONTINUA 5. OPORTUNIDAD PARA INNOVAR
Parece que la Orden de organización de tiempos escolares quiere conectar la
innovación educativa con el posible cambio de jornada de los centros. Como idea
es algo plausible si queremos un cambio que sea para buscar una
mejora en el quehacer educativo de los colegios. Aunque el cambio de jornada sea una innovación en sí misma, los cambios de hábitos y la optimización del
tiempo familiar lo justifican por si solos, no es mal momento para
intentar que los centros se decidan a dar un paso más allá.
Muchos de los docentes realizan actividades que son innovaciones, aunque ellos no sepan bien que lo son. Cuando en un colegio optan por solucionar un problema concreto, con una solución optimizada y adaptada a su realidad concreta, están innovando. Cuando un docente adapta una técnica metodológica para intentar ayudar a un alumno/a a superar una situación, o cuando lo hace adaptándose a un grupo que tiene una problemática especial, está innovando. A veces las cosas más sencillas pueden darlos unos resultados favorables y duraderos, pero como es algo que nos parece poco reseñable, no lo comentamos ni compartimos por miedo a que nos señalen como presuntuosos.
Volviendo a la primera reflexión, me parece bien que se liguen las dos posibilidades. Diferentes colegios se plantean un proyecto de cambio de jornada, donde las sesiones se trasladan de la tarde a la jornada de mañana sin plantearse ni siquiera una adaptación de la duración de las mismas.
Parece lo más lógico que si no tenemos el corsé de los noventa minutos de la jornada de tarde, las sesiones se uniformen a una duración única de alrededor de cincuenta minutos. Pues hasta eso da vértigo a veces, y el planteamiento se convierte en tres sesiones de hora y dos de cuarenta y cinco minutos, para que suponga el menor cambio de nuestras prácticas actuales. Esto no tiene sentido, si creemos que pedagógicamente es bueno un cambio de tiempos, hay que adaptarse a los mismos para una optimización en los resultados escolares de nuestros alumnos/as.
Si nos cuesta dar ese mínimo paso, que es igualar la duración de las sesiones, es porque nos sentimos incómodos con los cambios. Si nos sentimos inseguros ante situaciones nuevas, lo mejor es permanecer como estamos y dejar las cosas como están. Por lo tanto si de verdad apoyamos un cambio, es porque queremos buscar nuevas soluciones a situaciones que creemos son susceptibles de mejora. Tenemos que plantearnos que vamos a sacarle todo el partido posible a la nueva situación, que vamos a intentar encontrar nuevas soluciones que por normativa no podíamos llevar a cabo hasta ahora. Quizá sea el momento de intentar dar ese salto mortal que siempre decíamos era imposible porque la administración nos lo impedía.
Pero si ahora es el momento de dar ese salto adelante, ¿estamos dispuestos de verdad a darlo? ¿Nos lanzaremos hacia la innovación o nos mantendremos en la zona de confort que nos ofrece lo habitual y cotidiano? No lo tengo muy claro, creo que hace falta una dosis de entusiasmo que es difícil de insuflar.
A pesar de que sea el momento de dar el paso adelante, nos tienen que poner una red de seguridad. Y esa red es la que da la buena información. Aunque estemos ante una buena iniciativa, no está lo suficientemente explicada, los colegios, y me refiero a claustros y padres, no tenemos nada claro lo que pretende la Administración. Se hace necesaria y urgente una explicación a todos los equipos directivos. En esa reunión se debe concretae muy bien como va a ser el proceso. Se debe explicar la oportunidad que supone para intentar cambios organizativos y metodológicos, y que se facilitará lo necesario para adaptar la normativa y facilitar esos cambios. Ahora puede ser el momento. Estamos en el punto de insuflar ilusión y que los directores puedan transmitírsela a los claustros y alas AMPAs. Puede que al principio pueda causar asombro, incluso vértigo, pero es la forma de iniciar un cambio hacia una auténtica autonomía de los centros, y una adecuación de la normativa a las necesidades concretas, facilitando con ello las prácticas innovadoras.
Seguramente cuando se vea así dé miedo, incluso pavor, pero si no se rompe el hielo y se explica claramente, nadie se decidirá a dar ese paso de verdad. Si el cambio en la organización de tiempos escolares es capaz de motivar a algún centro a plantearse soluciones innovadoras para afrontar sus problemas con la ayuda de la administración educativa, habrá merecido la pena. Es mucho más fácil de lo que parece, puesto que en nuestro día a día innovamos, solo es dar un paso más. Es cuestión de que la Administración sea capaz de tender esa red de seguridad, que aplaque nuestros miedos.
Muchos de los docentes realizan actividades que son innovaciones, aunque ellos no sepan bien que lo son. Cuando en un colegio optan por solucionar un problema concreto, con una solución optimizada y adaptada a su realidad concreta, están innovando. Cuando un docente adapta una técnica metodológica para intentar ayudar a un alumno/a a superar una situación, o cuando lo hace adaptándose a un grupo que tiene una problemática especial, está innovando. A veces las cosas más sencillas pueden darlos unos resultados favorables y duraderos, pero como es algo que nos parece poco reseñable, no lo comentamos ni compartimos por miedo a que nos señalen como presuntuosos.
Volviendo a la primera reflexión, me parece bien que se liguen las dos posibilidades. Diferentes colegios se plantean un proyecto de cambio de jornada, donde las sesiones se trasladan de la tarde a la jornada de mañana sin plantearse ni siquiera una adaptación de la duración de las mismas.
Parece lo más lógico que si no tenemos el corsé de los noventa minutos de la jornada de tarde, las sesiones se uniformen a una duración única de alrededor de cincuenta minutos. Pues hasta eso da vértigo a veces, y el planteamiento se convierte en tres sesiones de hora y dos de cuarenta y cinco minutos, para que suponga el menor cambio de nuestras prácticas actuales. Esto no tiene sentido, si creemos que pedagógicamente es bueno un cambio de tiempos, hay que adaptarse a los mismos para una optimización en los resultados escolares de nuestros alumnos/as.
Si nos cuesta dar ese mínimo paso, que es igualar la duración de las sesiones, es porque nos sentimos incómodos con los cambios. Si nos sentimos inseguros ante situaciones nuevas, lo mejor es permanecer como estamos y dejar las cosas como están. Por lo tanto si de verdad apoyamos un cambio, es porque queremos buscar nuevas soluciones a situaciones que creemos son susceptibles de mejora. Tenemos que plantearnos que vamos a sacarle todo el partido posible a la nueva situación, que vamos a intentar encontrar nuevas soluciones que por normativa no podíamos llevar a cabo hasta ahora. Quizá sea el momento de intentar dar ese salto mortal que siempre decíamos era imposible porque la administración nos lo impedía.
Pero si ahora es el momento de dar ese salto adelante, ¿estamos dispuestos de verdad a darlo? ¿Nos lanzaremos hacia la innovación o nos mantendremos en la zona de confort que nos ofrece lo habitual y cotidiano? No lo tengo muy claro, creo que hace falta una dosis de entusiasmo que es difícil de insuflar.
A pesar de que sea el momento de dar el paso adelante, nos tienen que poner una red de seguridad. Y esa red es la que da la buena información. Aunque estemos ante una buena iniciativa, no está lo suficientemente explicada, los colegios, y me refiero a claustros y padres, no tenemos nada claro lo que pretende la Administración. Se hace necesaria y urgente una explicación a todos los equipos directivos. En esa reunión se debe concretae muy bien como va a ser el proceso. Se debe explicar la oportunidad que supone para intentar cambios organizativos y metodológicos, y que se facilitará lo necesario para adaptar la normativa y facilitar esos cambios. Ahora puede ser el momento. Estamos en el punto de insuflar ilusión y que los directores puedan transmitírsela a los claustros y alas AMPAs. Puede que al principio pueda causar asombro, incluso vértigo, pero es la forma de iniciar un cambio hacia una auténtica autonomía de los centros, y una adecuación de la normativa a las necesidades concretas, facilitando con ello las prácticas innovadoras.
Seguramente cuando se vea así dé miedo, incluso pavor, pero si no se rompe el hielo y se explica claramente, nadie se decidirá a dar ese paso de verdad. Si el cambio en la organización de tiempos escolares es capaz de motivar a algún centro a plantearse soluciones innovadoras para afrontar sus problemas con la ayuda de la administración educativa, habrá merecido la pena. Es mucho más fácil de lo que parece, puesto que en nuestro día a día innovamos, solo es dar un paso más. Es cuestión de que la Administración sea capaz de tender esa red de seguridad, que aplaque nuestros miedos.
Imagen: http://enfocandoaalba.blogspot.com.es/
lunes, 1 de febrero de 2016
Scratch. La iniciación a la robótica junto a la educación en valores.
El verano pasado, Ayuda en
Acción, una ONG que colabora activamente en muchos programas que tenemos en
marcha en nuestro centro, nos ofreció la posibilidad de trabajar con el programa
SCRATCH. Ayuda en Acción tiene vinculación con JÓVENES INVENTORES y
desde esta asociación se forma a nuestros alumnos/as en dicho programa.
Los chavales programan videojuegos sencillos, con las temáticas de educación en valores y solidaridad propias de Ayuda en Acción. De esta manera aprenden los conceptos básicos de programación. Utilizan materiales preparados por Jóvenes Inventores para trabajar en el aula de manera práctica y colaborativa, en torno a retos de dificultad graduada para maximizar su autonomía y creatividad.
Lo interesante no está en todo lo que supone de trabajo en la competencia matemática- científico tecnológica, que es mucho. Lo importante es que se hace desde un enfoque de educación en valores y solidaridad como hemos puesto antes.
Es esencial que los niños/as aprendan a trabajar en equipo, a realizar un proyecto científico de forma colaborativa, y comprendan la importancia de tomar decisiones consensuadamente.
Sabemos el valor económico que tiene esta iniciativa, y estamos encantados de que se haya escogido nuestro colegio para el desarrollo de esta actividad. Hemos tenido que adaptar nuestras instalaciones y equipos, no ha sido fácil. El equipamiento informático de los colegios es el que es. Tras años de dura crisis está muy deteriorado. La conectividad es mala, por llamarlo de una forma amable, y más en un extremo de la ciudad, donde las compañías no ven rendimiento económico en cablear hasta el último edificio, siendo además un colegio.
Todo esto lo intentamos solventar con soluciones imaginativas y con ilusión. Solicitamos una cesión de equipos informáticos a la empresa Schindler. Instalamos Ubuntu-linux en los equipos para hacerlos más operativos, y lo hicimos contrarreloj para que en la primera sesión estuviesen dispuestos. También Jóvenes Inventores fue flexible y respetó nuestras agrupaciones, mediatizadas por la disposición organizativa en grupos flexibles. Todos pusimos de nuestra parte y el resultado está siendo muy exitoso, y podemos valorarlo con objetividad, puesto que ya estamos finalizando el primer cuatrimestre.
La implicación de Jóvenes Inventores y de Ayuda en Acción no acaba aquí. Si terminasen con el taller de Scratch sería una actividad más. A partir de ahora con los alumnos ya formados en la fase inicial, vamos a potenciar el Club GENIOS.
En horario extraescolar y asesorados por el mismo instructor que nos imparte la formación, José María Lobera, los niños/as que quieran formar parte de él, realizarán un proyecto. Para fomentar la participación, se participará en un concurso a nivel nacional, con toda la implicación que conlleva, pero también con el beneficio implícito. Para un centro como el nuestro, con la importancia que otorgamos a la educación emocional, es un acicate más en nuestro trabajo, puesto que nos ayuda en algo tan importante como es el trabajo en la competencia del sentido de la iniciativa y el espíritu emrendedor, desde un punto de vista solidario y colaborativo.
Sin embargo el proyecto no acaba este año. Los alumnos/as, que se van convirtiendo en especialistas de la herramienta poco a poco, tendrán la posibilidad de seguir colaborando con el club como futuros asesores externos. La vinculación y coordinación con el IES de referencia serán fundamentales, y servirán como puentes de unión que van a reforzar los que ya tenemos gracias al programa British Council.
Y ya no quiero entrar a valorar lo que supone trabajar con Scratch para la promoción del centro.
Fantástica la actividad y el programa que la ampara. Iniciativas así deberían ser más habituales, puesto que es innovación educativa seria y rigurosa. Y lo que es más importante puede servir como nexo vertebrador en la totalidad de las etapas obligatorias en la educación de los alumnos/as.
Los chavales programan videojuegos sencillos, con las temáticas de educación en valores y solidaridad propias de Ayuda en Acción. De esta manera aprenden los conceptos básicos de programación. Utilizan materiales preparados por Jóvenes Inventores para trabajar en el aula de manera práctica y colaborativa, en torno a retos de dificultad graduada para maximizar su autonomía y creatividad.
Lo interesante no está en todo lo que supone de trabajo en la competencia matemática- científico tecnológica, que es mucho. Lo importante es que se hace desde un enfoque de educación en valores y solidaridad como hemos puesto antes.
Es esencial que los niños/as aprendan a trabajar en equipo, a realizar un proyecto científico de forma colaborativa, y comprendan la importancia de tomar decisiones consensuadamente.
Sabemos el valor económico que tiene esta iniciativa, y estamos encantados de que se haya escogido nuestro colegio para el desarrollo de esta actividad. Hemos tenido que adaptar nuestras instalaciones y equipos, no ha sido fácil. El equipamiento informático de los colegios es el que es. Tras años de dura crisis está muy deteriorado. La conectividad es mala, por llamarlo de una forma amable, y más en un extremo de la ciudad, donde las compañías no ven rendimiento económico en cablear hasta el último edificio, siendo además un colegio.
Todo esto lo intentamos solventar con soluciones imaginativas y con ilusión. Solicitamos una cesión de equipos informáticos a la empresa Schindler. Instalamos Ubuntu-linux en los equipos para hacerlos más operativos, y lo hicimos contrarreloj para que en la primera sesión estuviesen dispuestos. También Jóvenes Inventores fue flexible y respetó nuestras agrupaciones, mediatizadas por la disposición organizativa en grupos flexibles. Todos pusimos de nuestra parte y el resultado está siendo muy exitoso, y podemos valorarlo con objetividad, puesto que ya estamos finalizando el primer cuatrimestre.
La implicación de Jóvenes Inventores y de Ayuda en Acción no acaba aquí. Si terminasen con el taller de Scratch sería una actividad más. A partir de ahora con los alumnos ya formados en la fase inicial, vamos a potenciar el Club GENIOS.
En horario extraescolar y asesorados por el mismo instructor que nos imparte la formación, José María Lobera, los niños/as que quieran formar parte de él, realizarán un proyecto. Para fomentar la participación, se participará en un concurso a nivel nacional, con toda la implicación que conlleva, pero también con el beneficio implícito. Para un centro como el nuestro, con la importancia que otorgamos a la educación emocional, es un acicate más en nuestro trabajo, puesto que nos ayuda en algo tan importante como es el trabajo en la competencia del sentido de la iniciativa y el espíritu emrendedor, desde un punto de vista solidario y colaborativo.
Sin embargo el proyecto no acaba este año. Los alumnos/as, que se van convirtiendo en especialistas de la herramienta poco a poco, tendrán la posibilidad de seguir colaborando con el club como futuros asesores externos. La vinculación y coordinación con el IES de referencia serán fundamentales, y servirán como puentes de unión que van a reforzar los que ya tenemos gracias al programa British Council.
Y ya no quiero entrar a valorar lo que supone trabajar con Scratch para la promoción del centro.
Fantástica la actividad y el programa que la ampara. Iniciativas así deberían ser más habituales, puesto que es innovación educativa seria y rigurosa. Y lo que es más importante puede servir como nexo vertebrador en la totalidad de las etapas obligatorias en la educación de los alumnos/as.
jueves, 28 de enero de 2016
JORNADA CONTINUA 4. ROMPIENDO PARADIGMAS SOCIALES
Cuando viajas por otro país europeo, da igual el que sea, te percatas de la diferencia
entre los horarios que rigen su modelo
social y el nuestro. La primera vez, piensas que es una cuestión diferencial entre
dos culturas sin más. Cuando vas ampliando tus conocimientos turísticos, y el
abanico de países visitados se amplia, comienzas a percatarte de que en
España tenemos una disfunción horaria con respecto al resto de países de nuestro entorno.
Lo curioso es que cuando charlaba con mis abuelos sobre su infancia, este año hubiesen cumplido los cien, no me refiero a la Edad Media precisamente, relataban sus "batallitas" encuadradas en un modelo horario completamente distinto al nuestro. Se levantaban temprano, para aprovechar la luz del sol. Almorzaban con contundencia, el trabajo en el campo así lo requería, comían en el tajo muchos días, y no lo hacían de forma opulenta, puesto que inmediatamente debía regresar al esfuerzo físico. Y al volver a casa por la tarde, la hora de la cena era bastante anterior a la que utilizamos ahora, acostándose pronto.
Hemos cambiado todo este ritmo horario. El momento en que se hizo debió de ser cuando empezamos a cambiar la hora, para gestionar mejor la luz solar nos dijeron. Lo hicimos como otros países de nuestro entorno, pero mientras el resto de naciones no modificaron sus costumbres horarias, nosotros las retrasamos junto con la hora.
Hacia los años setenta u ochenta los trabajadores del sector industrial y los funcionarios, reconvirtieron su jornada en unificada, y pasaron a disponer del sábado como día festivo. Se adecuaron a las necesidades de la sociedad para conseguir que su tiempo estuviese optimizado, mermado por los desplazamientos y cambios de actividad lo menos posible.
Con todo ello quiero decir, que la sociedad en la que vivimos debe modificar sus costumbres para obtener el mayor rendimiento posible. A veces se tiene más éxito o a veces se tiene menos, pero desde luego no hay ninguna de estas costumbres que permanezca desde la Edad Media. Se dice que los tiempos cambian, no es que lo hagan, los que sí que lo hacen son los medios que tenemos a nuestra disposición, las posibilidades que se abren ante nosotros, tanto tecnológicas como de otro tipo.
En tiempos de mis abuelos, los niños/as, al menos los que tenían la suerte de ir a la escuela, disponían de gran cantidad de vida familiar. No en vano en cuanto era necesario, las familias requerían de su contribución a la economía familiar, y acudían a colaborar en las labores agrícolas, y lo hacían todos juntos. Los padres/madres acudían a casa temprano y también esto facilitaba las cosas. Una de mis abuelas, que vivía en un entorno urbano, también relataba su vida infantil con una intensa vida familiar.
Deberíamos enfocar otra vez nuestras costumbres horarias, pero ya no escolarmente, sino socialmente. Si otros países de nuestro entorno han sido capaces de obtener un mejor rendimiento al tiempo de vida familiar. Si mis abuelos también lo conseguían ¿cuál es el problema para modificar ahora estas costumbres, que por cierto no son tan antiguas? Yo no veo ninguno, tan solo el famoso "siempre se ha hecho así", al que adornamos con todas las razones pedagógicas que queramos insertar. En el fondo, y tristemente, se trata solamente de un paradigma. Reflexionemos con la mente abierta, pensemos en las ventajas e inconvenientes que tiene para mi familia el cambio planteado. Hagamos una lista con las ventajas e inconvenientes que tiene para otra familia, en situación contraria a la mía, dicho cambio. Comparemos las listas, pero con la mente abierta y con honestidad. Y después de todo esto, construyamos nuestra opinión. No nos obcequemos y enfoquemos la discusión desde un punto de vista futbolístico.
Imagen: http://enfocandoaalba.blogspot.com.es/
Lo curioso es que cuando charlaba con mis abuelos sobre su infancia, este año hubiesen cumplido los cien, no me refiero a la Edad Media precisamente, relataban sus "batallitas" encuadradas en un modelo horario completamente distinto al nuestro. Se levantaban temprano, para aprovechar la luz del sol. Almorzaban con contundencia, el trabajo en el campo así lo requería, comían en el tajo muchos días, y no lo hacían de forma opulenta, puesto que inmediatamente debía regresar al esfuerzo físico. Y al volver a casa por la tarde, la hora de la cena era bastante anterior a la que utilizamos ahora, acostándose pronto.
Hemos cambiado todo este ritmo horario. El momento en que se hizo debió de ser cuando empezamos a cambiar la hora, para gestionar mejor la luz solar nos dijeron. Lo hicimos como otros países de nuestro entorno, pero mientras el resto de naciones no modificaron sus costumbres horarias, nosotros las retrasamos junto con la hora.
Hacia los años setenta u ochenta los trabajadores del sector industrial y los funcionarios, reconvirtieron su jornada en unificada, y pasaron a disponer del sábado como día festivo. Se adecuaron a las necesidades de la sociedad para conseguir que su tiempo estuviese optimizado, mermado por los desplazamientos y cambios de actividad lo menos posible.
Con todo ello quiero decir, que la sociedad en la que vivimos debe modificar sus costumbres para obtener el mayor rendimiento posible. A veces se tiene más éxito o a veces se tiene menos, pero desde luego no hay ninguna de estas costumbres que permanezca desde la Edad Media. Se dice que los tiempos cambian, no es que lo hagan, los que sí que lo hacen son los medios que tenemos a nuestra disposición, las posibilidades que se abren ante nosotros, tanto tecnológicas como de otro tipo.
En tiempos de mis abuelos, los niños/as, al menos los que tenían la suerte de ir a la escuela, disponían de gran cantidad de vida familiar. No en vano en cuanto era necesario, las familias requerían de su contribución a la economía familiar, y acudían a colaborar en las labores agrícolas, y lo hacían todos juntos. Los padres/madres acudían a casa temprano y también esto facilitaba las cosas. Una de mis abuelas, que vivía en un entorno urbano, también relataba su vida infantil con una intensa vida familiar.
Deberíamos enfocar otra vez nuestras costumbres horarias, pero ya no escolarmente, sino socialmente. Si otros países de nuestro entorno han sido capaces de obtener un mejor rendimiento al tiempo de vida familiar. Si mis abuelos también lo conseguían ¿cuál es el problema para modificar ahora estas costumbres, que por cierto no son tan antiguas? Yo no veo ninguno, tan solo el famoso "siempre se ha hecho así", al que adornamos con todas las razones pedagógicas que queramos insertar. En el fondo, y tristemente, se trata solamente de un paradigma. Reflexionemos con la mente abierta, pensemos en las ventajas e inconvenientes que tiene para mi familia el cambio planteado. Hagamos una lista con las ventajas e inconvenientes que tiene para otra familia, en situación contraria a la mía, dicho cambio. Comparemos las listas, pero con la mente abierta y con honestidad. Y después de todo esto, construyamos nuestra opinión. No nos obcequemos y enfoquemos la discusión desde un punto de vista futbolístico.
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